Los Comisarios Politicos.
Los Comisarios Políticos Con la creación de los Comisarios políticos, se había creado dentro del ejército republicano, un servicio de control político-social que se introdujo, como un cuerpo extraño, dentro de las unidades militares, que podía desembocar en muchos casos en rivalidades políticas que en muchos casos podían entorpecer toda la cadena puramente de mando militar,
que de alguna manera se tenía que sentir vigilado. Los comunistas encajaron en esta ocupación de forma abierta o disfrazada, firmemente en el Comisariado General de Guerra, que tenía como último propósito ejercer el control político-social sobre las fuerzas armadas a través de los comisarios, o comisarios-delegados como se les llamaba oficialmente.
La costumbre de crear comisarios en las unidades milicianas fue adoptada ya por los diferentes partidos y organizaciones sindicales al comienzo de la guerra civil, con objeto de mantener una vigilancia constante de la moral de los milicianos y la lealtad de los oficiales profesionales, pero ahora, de acuerdo con la tendencia general hacia la centralización, se creó un cuerpo gubernamental en octubre de 1936, para regularizar esta práctica. A los comisarios se les considerara encargados de vigilar y reprimir actitudes desleales de los oficiales profesionales. Sin embargo, además de estos deberes, aparte de la labor de reforzar la disciplina y vigilar la moral de los soldados, el comisario tenía a su cargo otras responsabilidades que nos desvela el diario La Verdad del 27 de enero de 1937: «El Comisario es el alma de la unidad de combate, su instructor, su agitador, su propagandista -decía Carlos Contreras, comisario político del Quinto Regimiento-. Es siempre, o debe ser siempre, el mejor, el más inteligente, el más capaz. Tiene la obligación de ocuparse de todo y enterarse de todo. Tiene que interesarse por el estómago, el corazón y el cerebro del soldado del pueblo. Tiene el deber de acompañarle desde el momento en que se alista y recibe su instrucción, hasta que parte para el frente y regresa de él; tiene la obligación de interesarse por sus comidas, sus horas de sueño, su educación y su modo de luchar.
Debe comprobar que sus necesidades políticas, económicas y artísticas han sido satisfechas» . La verdad es que no todos los comisarios se comportaron en la forma que esperaba el articulista. «Hay comisarios políticos -afirmaba Contreras- que no mantienen un contacto íntimo con los soldados, no están con ellos en las trincheras y sólo desean estar cerca del oficial comandante». El General Rojo, añade su opinión sobre los comisarios políticos en su libro “Alerta los Pueblos”: “El Comisariado también se hallaba dividido por la conquista de puestos y adheridos; la lucha intestina en esta institución era quizá más aguda que en el campo político y en el militar; se cubrían vacantes políticas más que vacantes de comisarios, aunque la inepcia de los nombrados fuese patente, con lo que el prestigio de la institución se venía al suelo y la buena voluntad y la eficacia del trabajo de muchos hombres que en el Comisariado habían comprendido sabiamente su deber, caía en el vacío.
Para bastantes gentes el Comisariado era lisa y llanamente un órgano de actividad política, desde el cual podían captarse voluntades para su partido, no para la causa popular y la obra del Gobierno”. Teniendo en cuenta la influencia que el comisario podía ejercer sobre las tropas, para no hablar de la oportunidad que le daba su puesto para influir en las mentes y los corazones de los oficiales, no es extraño que predominara en el comisariado de guerra el Partido comunista, que vio en estos cargos un factor vital, para sus anhelos de control del ejército regular.
Este predominio quedó bien asegurado porque Antonio Mije, miembro del Politburó, ocupaba la jefatura del subcomisariado de organización el más importante de los cuatro creados y principalmente porque Felipe Pretel, Secretario general, y Julio Álvarez del Vayo, Comisario general, nombrados los dos por Largo Caballero porque poseían su confianza, colaboraron secretamente en defensa de los intereses del Partido Comunista.
En poco tiempo estos últimos incrementaron aun más su influencia, debido al nombramiento de José Laín, líder del JSU y comunista recién convertido, para Director de la Escuela de Comisarios, y a la debilidad de Ángel Pestaña, líder del Partido sindicalista, que había ocupado uno de los cuatro subcomisariados, sustituido luego por Gabriel García Maroto, amigo de Álvarez del Vayo y socialista del ala izquierda, con pronunciadas inclinaciones comunistas aunque censurara alguno de los métodos del partido. Como Largo Caballero no se dio cuenta hasta algunos meses después de la defección de Álvarez del Vayo y Felipe Pretel, y de las graves consecuencias de la penetración comunista en el Comisariado de Guerra, el Partido comunista y sus aliados pudieron explotar su posición privilegiada sin obstáculos, nombrando un abrumador número de comisarios comunistas a expensas y con el desagrado extremo de otras organizaciones, cuyas quejas no llegaron a Largo Caballero a través del Comisariado, y sí, eventualmente, a través de canales independientes. Debido a que las funciones precisas y los poderes del comisario político no estaban limitadas estrictamente por la ley, poseía una independencia amplia que el comisario comunista --que estaba instruido para ser «el organizador del partido en su unidad, reclutando valiente y sistemáticamente los mejores elementos de entre los mejores luchadores y recomendándoles para puestos de responsabilidad » utilizó al máximo para ayudar a extender el dominio de su partido en las fuerzas armadas.
ORDEN CIRCULAR SERÁFICA Y CONTRADICTORIA EXPLICANDO LA FUNCION ESPECIFICA DE LOS COMISARIOS Ministerio de la Guerra Ordenes circulares
Excmo. Sr.: Por Orden circular de fecha 15 del corriente ("Diario Oficial" núm. 21) se ha creado un Comisariado General de Guerra, cuya finalidad se especifica claramente en la citada disposición. No obstante, y para mayor exactitud de la intención ministerial que anima dicha Orden, y también para mejor conocimiento de esa intención por parte de los mandos militares, cualquiera que sea la jerarquía de los mismos, ha de saberse:
1.º El Comisariado General de Guerra, con toda su amplitud y consecuencias, no irá en momento alguno en menoscabo del prestigio y la autoridad del mando militar. Por el contrario, será principal función del Comisariado General de Guerra, de los subcomisarios generales y de los Comisarios delegados que componen la totalidad del citado organismo, establecer una corriente espiritual entre los mandos y las tropas, de tal manera que la confianza de los combatientes en los jefes que los dirigen sea absoluta y total.
2.º Tampoco perturbará el Comisariado General de Guerra los planes que conciba y ponga en práctica el mando militar, sino que los Comisarios que efectúen su cometido en las diversas unidades tienen el deber de facilitar el desarrollo de aquellas iniciativas tácticas que, debidamente aprobadas por la Superioridad, hayan de ponerse en juego.
3.º Será el mando militar en todo caso el que establezca y firme las peticiones que sobre armamento, municiones, vestuario, víveres, etc., se cursen a la Superioridad; pero para mayor rapidez de las solicitudes, y también para mejor satisfacción de la masa de combatientes, las solicitudes deberán ser suscritas por el Comisario General, los Subcomisarios o los Comisarios delegados que actúen en el orden político en plano igual al que corresponda a la jerarquía del mando militar que haya de proveer en cada caso.
También irán provistas de la firma del Comisario general de Guerra, de la de los Subcomisarios o la de los Comisarios delegados, según los casos, las órdenes que por escrito se dicten de superior a inferior. Lo comunico a V. E. para su conocimiento y cumplimiento. Madrid, 16 de octubre de 1936. Excmo. Sr.: Los Comisarios delegados de Guerra a que se refiere el párrafo quinto de la Orden circular de este Ministerio de 15 del corriente mes ("O. O." núm. 211), por la que se crea el Comisariado general de Guerra, sin perjuicio de las instrucciones que intermitentemente reciban, bien directamente del Ministro de la Guerra, ya del Comisariado General de Guerra, deberán atenerse, para el ejercicio de su función, a las siguientes normas generales:
1.ª Como se trata principalmente de llevar a efecto una labor político-social encaminada a mantener la moral de las tropas combatientes en el nivel necesario para la eficacia de su acción combativa, es preciso que en todo instante dichos Comisarios delegados ejerzan sobre los hombres armados que se encuentren dentro del radio de su jurisdicción una influencia moral decisiva, que ha de tener sus fundamentos en la conducta político-sindical y hasta en la privada de la persona del Comisario delegado.
Placa de comisario politico
Se hace necesario que el encargado de realizar tan alta misión, imprescindible para el logro de la victoria, demuestre constantemente una serenidad de espíritu, una seguridad en el triunfo y unas dotes persuasivas tales que de manera perenne sea ejemplo y guía de las fuerzas armadas. Hay que recordar continuamente a los hombres en armas cuál es el contenido político-social del conglomerado antifascista. Los que luchan defienden su libertad política y el bienestar económico de sí mismos y de sus familiares. Es preferible morir defendiendo las libertades políticas y económicas que para las clases trabajadoras y democráticas del país representa la organización del Estado republicano, que vivir esclavizados dentro de un sistema de Gobierno autocrático como el que representan las pretensiones de la rebelión que combatimos; aparte de que todos aquellos trabajadores encuadrados en organizaciones sindicales sufrirían una muerte cierta en el caso hipotético de invasión por parte del enemigo de las ciudades y poblaciones que controla el Gobierno legítimo de la República, como ha ocurrido en las que se hallan actualmente en poder de los rebeldes, donde no sólo fueron fusilados miles de trabajadores socialistas, comunistas, anarquistas y republicanos, sino que la furia vengativa de la reacción ha llegado hasta la persecución de las mujeres y los hijos de quienes sienten impulsos políticos Y sociales en pugna con el fascismo. También conviene convencer a los trabajadores que defienden con sus vidas el régimen republicano de que, al término de la guerra, la organización del Estado sufrirá una profunda modificación. Se irá a una estructura distinta de la presente en lo social, en lo económico y en lo jurídico. Todo ello en beneficio de la clase trabajadora. Tales conceptos habrá de procurarse imbuirlos en el ánimo de la tropa por medio de ejemplos sencillos y simplistas.
2.ª Paralelamente a cuanto en el orden puramente político es preciso hacer llegar al convencimiento de las fuerzas armadas los Comisarios delegados deberán tener en cuenta que en el aspecto militar un Ejército es tanto más eficaz cuanta mayor es la compenetración entre las unidades y los mandos. Es, por consiguiente, ineludible persuadir a los soldados y milicianos de esto: que las clases, Oficiales, Jefes y Generales que dirigen las operaciones cuentan con la confianza del Gobierno y de los Sindicatos y grupos políticos que apoyan a éste, los cuales asumen la representación genuina de los anhelos que en el aspecto social sienten todos y cada uno de los combatientes. De manera simultánea, los Comisarios delegados deberán persuadir a los mandos del Ejército qué la acción a desarrollar por la organización del Comisariado General de Guerra no va en modo alguno en menoscabo de la Autoridad ni del prestigio del mando militar, cualquiera que sea la categoría y radio de acción de éste. Por el contrario, la eficacia de la función del Comisario General, los Subcomisarios y los Comisarios delegados será mayor a medida que más contribuyan a establecer la coordinación necesaria entre los mandos y la tropa.
3.ª Deberán cuidar los Comisarios delegados con gran escrupulosidad de que el desarrollo de su misión no signifique en manera alguna perturbación de las operaciones planeadas por los Estados Mayores y los Jefes militares de las unidades.
4.ª Cuando en los frentes de lucha o en los cuarteles y lugares de alojamiento de la tropa se planteen divergencias o pugnas entre soldados o milicianos de distinta procedencia sindical, los Comisarios delegados actuarán con toda ecuanimidad, de tal manera que los actos de fraternidad borren entre todos los combatientes toda diferencia de puntos de vista y cualquier posible afán personalista o de grupo.
5.ª Deberá impedirse por los Comisarios delegados de Guerra que las peticiones de armamento, municiones, vestuario, alimentación, etc., se lleven a cabo por conductos irregulares. El Ministerio de la Guerra tendrá conocimiento de tales necesidades a través de los Jefes militares, que, a su vez, habrán de formular las demandas de acuerdo con los Delegados políticos. De esta manera se facilitará la mejor distribución de las posibilidades de toda índole y se impedirán personalismos o intenciones fraccionales, que en todo caso van en perjuicio de las mayores eficacia y rendimiento de los cuadros armados.
6.ª Las peticiones a que se refiere el artículo anterior deberán ir suscritas por el Mando militar y por el Comisario delegado de la unidad armada correspondiente.
7.ª Las órdenes escritas del Mando deberán igualmente ser firmadas por el Comisario general, los Subcomisarios o los Comisarios delegados, según la jerarquía del Jefe militar que las dicte.
8.ª En ocasiones, y según la misión especial que se les designe, los Comisarios delegados llevarán a efecto funciones de control en organismos superiores del Ejército, tales como el Estado Mayor del Ministerio de la Guerra, los Estados Mayores de los Generales Jefes de los Ejércitos de operaciones y demás entidades de índole genuinamente militar.
En estos casos, los Comisarios delegados de Guerra procederán con aquel tacto que conviene a la necesidad de no malograr valores técnicos que puedan ser aprovechados en todo momento, sin perjuicio de la vigilancia que en un sentido político puede y debe ejercerse sobre las personas que posean tales valores técnicos.
Lo comunico a V. E. para su conocimiento y cumplimiento. Madrid, 16 de octubre de 1936.
LARGO CABALLERO
Autor: Cosmos12
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