Las SA, el ejercito pardo 1ª parte
Esta estrofa nos pinta el espíritu que tenían los ex soldados de la 1ª guerra mundial, salidos de las trincheras y cuya camaradería seguía latiendo en los grupos paramilitares, que crecieron como hongos en la Alemania posterior a 1918, grupos que eran independientes o respondían a algún partido político,
Ich hatt´einen kameraden He tenido un camarada
Einen bessern findst du nit… mejor que él no encontrarán…
tal el caso del Reichbanner del Partido Socialdemócrata o el Rotfrontkämpferbund (Liga de combatientes del frente rojo) que respondía al Partido Comunista Alemán (KPD), Stahlhelm que respondía a Partido Popular Alemán (DNVP), el Jungdeutscher Orden, de extrema derecha, pero distanciado de los nazis debido a su rechazo de los partidos políticos, y otros grupos menores como la Liga Ostara, Brigada de hierro de Kiel, la Liga Viking. Los más conocidos eran los Freikorps, que fueron subvencionados por el gobierno y su misión mas conocida fue el aplastamiento de la Revolución espartaquista de Baviera.
Nos ocuparemos de las SA Sturm Abteilung, creado en 1921 con la finalidad de proteger las reuniones de los Nacionalsocialistas, pronto se vio envuelta en la violencia desatada al infiltrarse en tales reuniones elementos de extrema izquierda o simplemente leales a la República.
Los hombres que formaban las SA eran jóvenes, reclutados principalmente entre los sin empleo, menos interesados en objetivos a largo plazo que en obtener un violento e inmediato cambio. La mayoría de sus jefes eran antiguos soldados que no habían sido capaces de soportar la desmovilización.
“Die Fahne hoch, die Reihen dicht geschlossen”
“Bandera en alto, las filas bien apretadas”
La figura clave para transformar las SA de ser una brigada de protección a una organización militar fue Ernst Röhm e inicialmente el Capitán Ehrhardt.
Röhm era un representante típico de la “generación del frente”. Había compartido como joven oficial, los peligros, las angustias y las privaciones de los soldados de las trincheras, y también los prejuicios y la creciente indignación contra los miembros del cuartel general que estaban en la retaguardia, contra la burocracia militar, contra los políticos incapaces y contra los que se consideraba que escurrían el bulto, los holgazanes y los especuladores. Frente a todas estas imágenes negativas se alzaba la “heroica comunidad del frente”, la solidaridad de los hombres de las trincheras y la obediencia ciega que exigía. En definitiva se idealizaba el culto a lo viril y la violencia.
Röhm había sido parte del Freikorps y estuvo en el aplastamiento de la Räterepublik.
Röhm a la vez de tener contactos paramilitares era quien tenía a su cargo el área de suministros de armas del Reichswehr, pudo acumular grandes cantidades de armas cortas que escapaban al control aliado, diversos grupos paramilitares a su vez confiaban su armamento a Röhm.
Fue Röhm quien acerco a la brigada naval Ehrhardt a lo que fue el embrión de las SA la “sección deportiva” del partido.
El doble papel de las SA como organización militar y a su vez tropa de choque del N.S.D.A.P. fue la semilla de futuras tensiones entre Hitler y Röhm.


Ritter von Epp, Ernst Röhm & HermannGöring - Ernst Röhm - SA-Obergruppenführer Ritter von Epp
¿Como empezó el color pardo?
En 1924, un líder de las SA que viajaba por Austria notificó a la sede del partido que había encontrado una provisión de camisas tropicales del Ejercito Imperial, sobrantes de la primera guerra mundial. Aunque a Hitler le disgusto el color de las camisas el precio era bueno y el partido compro todo el lote como uniformes temporales para sus tropas de choque, las camisas pardas perduraron y se convirtieron en un símbolo de los nazis.
Momentos políticos de la SA – año 1923
En enero de 1923, el gobierno bávaro temía un golpe, sabía de su propia debilidad y prohibió doce mítines previstos por Hitler, una vez mas Ernst Röhm acude en su ayuda, establece contactos con el Comandante del Reichswehr de Bavaria General Otto Hermann Von Lossow, rápidamente se entrevistaron con el Presidente del gobierno de Alta Baviera Kahr (todavía no había sido designado dictador de Baviera) y el jefe de policía Nortz, ante quienes Hitler aseguro el carácter pacifico de las concentraciones, se dio permiso al N.S.D.A.P. finalmente el 28 de enero se realizó una espectacular concentración en el Marsfeld, una gran plaza de armas, cerca del centro de Munich, consagrándose los estandartes de las SA ante 6000 uniformados guardias de asalto.
En febrero de 1923 Ernst Röhm funda la Comunidad Activa de las Asociaciones de Combate Patrióticas (Kampfbund) que buscaba una acción común de las fuerzas paramilitares de extrema derecha, que incluía junto con las SA a la Bund Oberland, la Reichflagge, La Wikingbund y la Kampfvervand Niederbayern. Esta asociación no era del agrado de Hitler por dos motivos, el primero era que el le daba mas importancia a la propaganda que a lo paramilitar, lo segundo era que las SA escapaban a su autoridad, pero dada la necesidad que tenía del poder y los contactos de Röhm poco podía hacer.
Las relaciones con el gobierno bávaro no eran las mejores, lo que habría de jugar un factor importante en los acontecimientos venideros, pues las SA estaban siendo instruidas militarmente por el Reichswehr, de tal manera que se hacía difícil contener a la gente que se le llenaba la cabeza en los cuarteles día tras día, noche tras noche, mañana tras mañana con la idea de la guerra: preguntaban”¿Cuándo va a ser, cuando vamos por fin a ir a luchar y a echar a esa pandilla(die bande)? “
El 1 de mayo de 1923 pudo haber sido un día trágico, la izquierda celebraba el día del trabajo, la derecha la liberación de Baviera de la Räterepublik (Republica de Consejos) la efímera toma del poder por los comunistas.
El clima era muy tenso, la policía de Munich revocó el permiso a la izquierda de un desfile callejero, se reunieron entonces 30.000 personas en el Theresenwiese, un espacioso lugar cerca de Munich. Los 2.000 paramilitares se reunieron en el Oberwiensefeld, cerca de los cuarteles en el norte de la ciudad, pero el Reichswehr no le entrego las armas que había en deposito, siendo el acto de la Kampfbund acordonado por la policía, de esta manera logró el Gobierno abortar lo que habría sido una brutal batalla callejera.
Quien ejercía el poder en Baviera en ese momento era el Ministro Presidente, Eugen Von Knilling, quien expreso” el enemigo está a la izquierda, pero el peligro a la derecha”.
Hitler se negó a que la SA trabajase como policía auxiliar del estado bávaro, como si hicieron otras organizaciones paramilitares.
En el Deutsches Turnfest (Congreso de las Organizaciones Gimnásticas Alemanas) que se celebro en Munich el 14 de julio, se produjeron choques violentos entre la policía y las SA, cuando las formaciones Nacional-Socialistas abandonando el Circus Krone, desobedecieron la orden policial que prohibía desplegar los estandartes y enseñas del partido.
Todavía Adolf Hitler no era considerado el símbolo de la lucha nacional por la derecha, este lugar lo ocupaba el héroe de guerra Erich Ludendorff, quien en el Deutscher Tag (Día Alemán), 1 de septiembre de 1923 de Nuremberg ocupo la posición central del acto que reunió mas de 100.000 personas, entre paramilitares, asociaciones de veteranos, partidos políticos, en un desfile que duró mas de dos horas, destacándose A.Hitler con su oratoria en este acto.
Para situarnos en el contexto correcto de este año 1923, debemos decir que fue de los años más terribles de la Alemania de posguerra, el 11 de enero de 1923 Francia y Bélgica invaden la cuenca del Ruhr con un pretexto, cuando en realidad era porque la exhausta Alemania no estaba cumpliendo con los pagos de reparaciones ni entregando el material exigido en tiempo y forma (200.000 postes telefónicos y carbón), planteándose una situación trágica muriendo 13 obreros a manos del ejercito francés.
También la inflación estaba haciendo estragos en la economía alemana un dólar a principios de 1923 valía 18.000 Marcos a finales de septiembre tenía un valor de 160.000.000 millones de Marcos.
Millones de personas vieron perder sus trabajos y ahorros.
Los comunistas estaban preparando un gran levantamiento entre los meses de julio y agosto, el 28 de agosto sobre la base de una Ley de protección de la Republica se ordeno la disolución del comité central de los consejos obreros del gran Berlín, finalmente el levantamiento no se llevo a cabo y los comunistas siempre negaron estos planes, pero una carta de Clara Zetkin de 1924 los puso en evidencia. En Sajonia Y Turingia los comunistas acceden al poder siendo desalojados al poco tiempo por el Reichswher, y en Hamburgo se produjo un alzamiento que fue rápidamente sofocado, muriendo 24 comunistas y 17 policías.
Ante estos hechos la reacción inmediata en Baviera fue el 26 de septiembre declarar el estado de emergencia y proclamar a Gustav Ritter Von Kahr Comisario General del Estado con poderes casi dictatoriales, acompañado por Hans Ritter Von Seisser Jefe de Policía y el General O.Lossow Comandante del Reichswehr de Baviera.
Von Kahr, que era de derecha y anticomunista, tenía sus propios planes para derrocar al gobierno de Berlín, planes que no tenían en cuenta ni a Hitler ni a Ludendorff ni al Kampfbund, por lo que ante la impaciencia de las tropas de la SA (10.000 hombres) y del resto de los paramilitares se produjo un golpe de mano cuando Von Kahr hablaba en una reunión en la Burgerbräukeller, golpe que estuvo mal organizado y en donde la policía y el Reichswehr se pusieron del lado del gobierno, esto le costo 14 muertos a las SA y 4 policías, terminar en prisión a Hitler y varios camaradas, la prohibición de las SA y la desaparición del NSDAP. Muchos presagiaron el final de Adolf Hitler, su movimiento estaba acabado.
Este es un relato de un SA, donde nos ubica en una época plena de efervescencia y que a veces ni siquiera nos imaginamos, esta sacado del libro de George L. Mosse.
Relato del alboroto en una reunión (por Kurt Massmann) :
En cierta ocasión se celebro una reunión en un suburbio obrero. Había sido convocada por nosotros, estudiantes nacionalsocialistas. El local era muy pequeño. Una sola unidad de las SA guardaba las entradas. Aproximadamente a las nueve, y al objeto de proteger a los participantes de posibles ataques…A las ocho en punto, el orador, el gigantesco Schimer, que era quien tenía que hablar aquella noche, se enrolló las mangas de la camisa y, sonriendo amistosamente, dio una palmada con sus manazas.
Schimer había permanecido en la URSS. durante tres años y, por lo tanto, se encontraba familiarizado con la tensión del ambiente que allí se respiraba. A su regreso a Alemania se convirtió al nacionalsocialismo en cuerpo y alma, y puede decirse que era de los que sabía llegar hasta lo más profundo de los tímidos burgueses, inquietos ante el peligro del socialismo. ¡Un gran hombre! Un hombre al que podía uno confiar todo su dinero con la seguridad de que antes moriría de hambre que tocar una sola moneda.Se contaba de el que una vez fue presentado al Führer.
El hombre alto y rústico al que nunca se le había cortado la palabra, en aquella ocasión permaneció de pie, atragantándose, parpadeando y sólo acertó a decir finalmente: “bien Adolf Hitler…” y, repentinamente le estrecho las manos con entusiasmo.Entonces volvió a sus cabales, enrojeció y ¡oh! milagro, se irguió, saludó y diose media vuelta con la cara seria.
Gran tensión reinaba en el ambiente desde hacía media hora.Schimer permanecía de pie en el fondo de la tribuna, cruzados sobre el pecho sus poderosos brazos, y su sonrisa tranquila iba de una parte a otra del salón. Gradualmente esta sonrisa fue produciendo su efecto y, poco a poco, la tensión fue disminuyendo y dando lugar a un aire de expectación, Alrededor de las 8.30 Schimer tomó una jarra de agua, bebió un trago, colocó parte del agua en un vaso y la arrojó cuidadosamente por encima de las cabezas de los hombres de la SA, directamente al cuello de un hombre de la primera fila que había estado chillando, abucheando y animando a la multitud durante todo el tiempo.
Entonces, Schimer, bruscamente y con poderosa voz, gritó: “¡Quietos! ¡Ahora voy a hablar!”. La calma se instaló en el salón a partir de ese instante. Hablaba de forma simple, con palabras claras y en el lenguaje corriente y diario de aquellos trabajadores. Ellos le escucharon.En la mitad del salón, en el lugar donde se habían iniciado los desordenes durante la noche anterior, estaba un pequeño judío con gafas, encaramado sobre una silla, que comenzó al mismo tiempo un discurso de oposición en un tono desagradable, con voz estridente, como un eunuco.Schimer hizo un gesto desdeñoso con las manos y continuó hablando en un tono de voz tan poderoso que el eco resonaba en las paredes y ahogaba completamente al quisquilloso hombrecito levantado sobre la silla. Sin embargo este persistía en su idea de romper la reunión y aumentaba sus gesticulaciones.
Cuando Schimer, que había estado hablando acerca de la unión y de la comunidad de los hechos y de los actos del pueblo, hizo una pausa momentánea, pudo oírse al pequeño judío chillar: “¡trabajadores, proletarios, vuestro frente es el proletariado internacional, vosotros…!”. No pudieron oírse más palabras. Schimer se abrió paso a través de las gruesas filas de los hombres de las SA y avanzó hacía la multitud rugiente que rodeaba al pequeño judío, líder y orador de los comunistas.
El judío corto bruscamente su discurso con asombro, y, aunque estaba rodeado por 350 camaradas, bajó rápidamente de la silla, con la agilidad de un mono, y retrocedió unos cuantos pasos. Schimer se encogió de hombros y una torva expresión se extendió por su cara; entonces volviose hacía la gente del salón y gritó: “¡Trabajadores! Mirad al bastardo que habéis traído aquí y miradme después a mí. Yo soy un trabajador como vosotros. Trabajo con mis brazos como vosotros. ¿Vais a seguir a este o a mí?”.Por su parte el judío chillaba:” ¡Camaradas, quiere provocarnos!”. Schimer no pudo hablar más en medio del creciente tumulto. Bruscamente se subió de nuevo a la tribuna y desde allí continuo hablando de nuevo.
El pequeño judío se había colocado otra vez sobre su silla; realmente tenía razón en temer que la gente fuera influenciada por el otro orador, y dio la señal de disolver la reunión. “¡Adelante-dijo-Moscú, adelante¡” . En un momento el caos se apodero del salón.Schimer permanecía de pie en la tribuna y gritó unas cuantas veces la palabra “Alemania”, que resonó en la reunión con tal fuerza que podía oírse su eco. “Alemania” sonaba como una llamada de trompetas. No sé si realmente esta palabra formaba parte de su discurso o si fue la última exhortación lanzada en el inicio de la pelea.
Inmediatamente se lanzó a la refriega con sus poderosas fuerzas. En este momento la puerta principal del salón se abrió y apareció la segunda unidad de las SA. El pequeño judío, que hacía un minuto parecía un desgraciado Napoleón, permaneció de pie en su silla, totalmente paralizado. Schimer, que estaba golpeando a sus oponentes a derecha e izquierda, se hallaba muy próximo al judío, conjuntamente con una pareja de hombres de las SA. En un movimiento realmente artístico, el judío se lanzo de su silla y corrió como una comadreja a través del salón, entre la gente que se peleaba, lanzándose por una ventana cerrada al patio, rompiendo cristales y dejando a todo el mundo tras él. Por unos instantes una carcajada general atronó el salón.
Con una verdadera prisa los comunistas se precipitaban a través de las puertas abiertas. Solamente un pequeño grupo de ellos se defendían tenazmente en un rincón. Me di cuenta que aquellos que resistían eran precisamente los mejores entre los comunistas, la mayoría antiguos trabajadores. Pronto se rompió toda resistencia y les fue permitido a estos últimos salir del salón sin ser molestados, una vez terminada la pelea. El salón era una escena de desolación. No se mantenía en pie ni una sola silla, y los destrozos se esparcían por todas partes.
Algunos comunistas, desde luego ninguno del ultimo grupo resistente, habían empleado en la lucha cascos de botella y vasos rotos.Aproximadamente 8 hombres de las SA habían recibido heridas serias causadas por estas armas primitivas, pero eficaces.Las caras de algunos estaban tan cubiertas de sangre que les impedía ver; tuvieron que ser sacados del salón como si fueran ciegos.Varios comunistas permanecían tendidos sobre el suelo. Cuando los médicos de las SA comenzaron a atender a sus heridos, un viejo trabajador de noble rostro que había luchado hasta el final y se había defendido con verdadero valor cambiando golpe por golpe, sacó de su bolsillo el carnet del partido, se arrancó su insignia y, entregando ambas al gigante Schimer, a quien había pedido ver, le dijo, estrechando sus manos:”Ahora estoy ya curado”. Inmediatamente pidió una insignia de los trabajadores pertenecientes al partido nacionalsocialista y firmó una hoja de inscripción en blanco.
Los pequeñoburgueses se quejaban de los términos salvajes que imperaban en la política; decían que las cosas no irían bien en Alemania con aquellas gentes dispuestas a entrar en camorra unos contra otros. No sabían lo que estaba en juego. La lucha por el alma del hombre alemán y de la nueva Alemania había comenzado; las peleas que se registraban en los centros de reunión y en las asambleas eran parte inseparable de esa lucha.Nosotros los estudiantes nacionalsocialistas, no íbamos a los barrios de las clases trabajadoras a que nos rompieran nuestras cabezas por nada.
Ni tampoco lo habríamos hecho por ganar una docena de votos para una u otra elección; nada de ello valía la pena. Podíamos haber tenido discusiones académicas por las tardes, lo que, por lo menos, hubiese sido menos peligroso.Pero luchábamos por el trabajador alemán. Queríamos ayudarlo a obtener su puesto en la nación y, para ello, a veces teníamos que utilizar nuestros puños y las patas de las sillas, a fin de captarlo y alejarlo de sus “dirigentes”, que permanecían detrás de el, y conducirle hacía nosotros. (De Kampf: Lebensdokumente deutscher Jugend von 1914-1934, compilado y editado por Berth Roth)
Autor: sergio_domingo
Fuentes:
La Cultura Nazi – George L. Mosse - Grijalbo – 1973
De los espartaquistas al nazismo: la República de Weimar Claude Klein – Sarpe
Hitler – 1889-1936 – Ian Kershaw – Península – 1999
El Tercer Reich – autores varios – tomo 5 (El asalto al Poder) – Time Life Rombo
http://en.wikipedia.org/wiki/Weimar_paramilitary_groups
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