La Prehistoria en Madrid

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En ocasiones se tiende a decir que Madrid es una ciudad sin historia, sin interés hasta que por capricho de Felipe II se convirtió en capital de España. La causa quizás es, que los orígenes de Madrid fueron demasiado modestos con vistas a formar un pequeño pueblo que no quedara registrado en los anales de la historia. La realidad, sin embargo, es algo distinta.

En este artículo pretendo registrar la riqueza de los yacimientos prehistóricos madrileños que, sin duda, convierten a la provincia en uno de los centros más importantes de Europa en materia prehistórica para asombro y extrañeza de todos aquellos que creían en la escasa importancia histórica de Madrid.

El Paleolítico en Madrid

Pocas regiones en el mundo cuentan con un número de yacimientos paleolíticos comparables con los de Madrid. Fue a partir del S. XIX cuando numerosos geólogos y paleontólogos, como Prado, Poust o Ezquerra del Bayo, comenzaron a realizar importantes excavaciones en la Comunidad de Madrid rescatando una cantidad asombrosa de piezas de una antigüedad considerable y  de excepcional calidad. Ya las crónicas medievales daban testimonio de la abundancia de estos restos cuando al cavar la fosa de la muralla matritense aparecía un monstruo de enormes dimensiones.

La Comunidad de Madrid fue densamente poblada desde fechas muy tempranas por grupos de cazadores que establecían sus campamentos en la ribera de los ríos (Manzanares y Jarama principalmente) debido a sus excelentes recursos fluviales y a la facilidad en las comunicaciones. No obstante, dichos campamentos, lejos de ser estables,  se trasladaban con frecuencia en función de actividades estacionales tales como la caza, la recolección o el clima. Pero no adelantemos acontecimientos.

Los primeros homínidos que abandonan su cuna natal africana son los homo erectus que hace 1,44 millones de años se dispersaron, a través de Asia Menor y Próximo Oriente, llegando por un lado hasta Pekin (Homo erectus pekinensis) y por el otro hasta España. Es, por tanto, probable suponer que los primeros pobladores de nuestra comarca fueron Homo Erectus.

Desde hace 500.000 años hasta hace 120.000 años, durante el periodo cálido, la Comunidad de Madrid era un idílico paraje muy rico en materias primas y poblado por una variada fauna de toros, ciervos, caballos, hipopótamos, elefantes y rinocerontes y surcada por dos ríos, el Jarama y el Manzanares.

Por lo tanto, no es de extrañar que estos remotos homínidos, Homo Erectus o quizás Homo Heidelbergensis, se establecieran en nuestra comarca.

Los restos paleolíticos de Madrid se estructuran alrededor de las riberas del Manzanares y del Jarama. Sin embargo resulta curioso que los restos más abundantes sean los pertenecientes al Paleolítico Inferior (hasta hace 80.000 años) disminuyendo progresivamente a medida que transcurre el tiempo.

En el Manzanares, la ribera con mayor presencia de yacimientos paleolíticos, suelen distinguirse tres terrazas y, aunque la explotación y ocupación posterior ha destruido buena parte de las mismas, se conservan con integridad en un corto tramo del margen derecho. Lo que lamentablemente se ha perdido es tal que en lo que hoy es la tumultuosa calle de Antonio López o el barrio de Usera fue en su día la parte de mayor relevancia del yacimiento paleolítico más importante de Europa.

Suelen distinguirse tres sectores: el primero y de menor relevancia se encuentra en la Casa de Campo, en las proximidades del arroyo Meaques y en el Cerro Garabitas; el segundo, el más explotado se extiende desde el cerro de San Isidro hasta la confluencia Jarama-Henares; y por último, el tercero, que no ha sido estudiado con profundidad, se encuentra aguas abajo ya no del Manzanares.

Por otro lado, en el Jarama suelen distinguirse también tres terrazas, aunque algunos especialistas destaquen hasta seis, siendo la de mayor importancia la de Arganda.

Habiendo localizado geográficamente las principales terrazas de las riberas en las que un día se establecieron los campamentos de nuestros antepasados, es ahora menester describir con mayor profusión de detalles los hallazgos arqueológicos que tuvieron lugar en cada una de ellas así como las referencias cronológicas correspondientes. Sin embargo, sabiendo que el número de los yacimientos paleolíticos en Madrid es superior a un centenar, optaré por señalar exclusivamente los más destacados con el objetivo de alargarme lo estrictamente necesario.

 

Mapa de las principales zonas madrileñas del Paleolítico

 

Los restos de presencia humana más antigua de la comarca madrileña no se encuentran en la ribera del Manzanares sino en la del Jarama y cuenta con 350.000 años de antigüedad. Se trata del Yacimiento de Áridos, en Arganda, descubierto en 1976 por Santoja y Querol. Era, con toda probabilidad, un campamento de caza poblado por varios centenares de individuos (¿Homo Erectus?) en el que se han hallado numerosas muestras de industria lítica achelense como bifaces y hendedores primitivos. El campamento de Áridos se mantendrá poblado milenios después ya que incluso en el periodo del Achelense Medio se han hallado restos de un elefante asociados a lascas poco elaboradas utilizadas para despedazar animales.

 

En el Achelense Medio nos encontramos, asimismo, con una variada industria lítica formada por bifaces cordiformes y hendedores evolucionados pero esta vez en la ribera del Manzanares, concretamente en las terrazas medias como Perales del Río y como el famoso yacimiento del Cerro de San Isidro, primero en ser descubierto de nuestra comarca y de toda la Península Ibérica en 1862 por el geólogo Del Prado y Valle.

Más adelante, del Achelense Superior datan las mejor representadas industrias líticas compuestas de bifaces elaborados y simétricos, hendedores evolucionados sobre grandes lascas y lascas de tipo levallois. En esta época destacan los yacimientos de San Isidro, Perales del Río, Sta Elena, Fábrica de Oxígeno y otros más de la zona de Villaverde. Considerablemente más alejado, en la confluencia Manzanares-Jarama, encontramos el importante yacimiento de Arriaga con restos de un elefante, de bifaces y útiles cortantes.

Por último de esta época es imprescindible citar el yacimiento de la Gavia, situado en la orilla izquierda del Manzanares con restos de bifaces lanceoladas que suponen una clara transición al musteriense.

Durante el Paleolítico Medio (80.000-40.000 a.C.), el Homo Neanderthalensis es el nuevo habitante de nuestra región y generalmente mantiene sus campamentos en las terrazas de ambos ríos. Madrid es, a diferencia de otros lugares de Europa, una zona con un clima más llevadero durante esta época por lo que sus pobladores no necesitan guarecerse en cuevas sino en pequeños aguardos enramados.

   Bifaz encontrada en la zona de Carabanchel

Es la época musteriense y destaca el importante yacimiento de Delicias, que se encuentra bajo la estación del tren del mismo nombre, que fue descubierta en 1918 por Obermaier y el insigne Pérez de Barradas. En el importante depósito fueron hallados núcleos para fabricar instrumentos, bifaces, raederas, lascas…

Destacan, también, los numerosos yacimientos de Villaverde como Atajillo del Sastre, La casa del Moreno o el Prado de Laneros y los de Getafe como el de la Torrecilla. Sin embargo fue en una cueva, en la Cueva del Camino, en Pinilla del Valle donde se descubrió el primer resto fósil de un homínido, Homo Neanderthalensis, lo que constituye una novedad ya que sólo se habían encontrado hasta la fecha restos de la industria lítica.

 Trabajos realizados en Pinilla del Valle

Para finalizar, durante el Paleolítico Superior (40.000-10.000 a.C.) los yacimientos decaen de forma acusada y parece que nuestra región tiende a la despoblación. En este periodo se extingue el Homo Neanderthalensis, quizás por el contagio de enfermedades mortales para ellos por parte del Homo Sapiens Sapiens, remplazándoles la anterior especie. Este homínido, con una elevada capacidad de abstracción y con revolucionarias novedades asociadas a la reproducción o a la supervivencia, es el protagonista de yacimientos como las Carolinas (que quizás apareció ya en el Paleolítico Medio), el Sotillo (Usera) y la Cueva del Reguerillo en Patones, único yacimiento con arte rupestre en nuestra comunidad (aparecen grabados peces, monos, un ciervo, un mamut y dos figuras humanas).  Se han encontrado productos laminares y útiles (buriles, raspadores).

Resumiendo, los restos del paleolítico madrileño se estructuran en torno a las riberas del Manzanares y del Jarama, destacando tres terrazas en cada una, y constituyendo uno de los yacimientos paleolíticos más importantes del mundo en cuanto a la abundancia de restos de industria lítica. No obstante al final de dicho periodo, los vestigios prehistóricos desaparecen dando lugar a un vacío arqueológico destacable.

Los últimos descubrimientos indican que el Manzanares fue, en una época, el emporio de la civilización del mundo, el centro del progreso, el núcleo de población de donde partieron tal vez destellos del intelecto que habían de dar origen a las civilizaciones orientales más remotas. Dividir un canto rodado en varios trozos, bisclar a golpes uno de los trozos, acomodar una porción externa a la mano del hombre era cuanto la mente humana podía lograr en sus primeras luchas con los elementos de la naturaleza; y allí, en las arenas del río quedaron depositados para dar testimonio de los oscuros días del cuaternario hachas, raspadores, cuchillos, raederas y otros instrumentos.( Fuente: ABC).

El Neolítico en Madrid

El vacío arqueológico del Paleolítico Superior se agranda considerablemente durante el Mesolítico y el Neolítico escaseando los yacimientos que nos permitan describir la vida de nuestros ancestros en Madrid hace 7.000 años.

Lo cierto es que en el VI milenio a.C. se produjo una revolución de dimensiones espectaculares. El hombre aprendió a cultivar el fértil suelo bañado por los ríos, a practicar la ganadería y, en definitiva, abandonó la vida nómada de cazador y comenzó una nueva sedentaria de agricultor. Fue este hecho sin precedentes el que originó la estructura moderna de la sociedad: la creación de pequeños poblados estables, la acumulación de riquezas, la jerarquía social.

El neolítico madrileño parece ser que llegó desde el Mediterráneo pero desde muy pronto hizo gala de unas características propias. Por un lado, Madrid inicia un retraso y un aislamiento con respecto de las diferentes corrientes peninsulares y, por el otro, aparecen una serie de características novedosas que conforman un neolítico peculiar y atípico.

Testigos de este neolítico son los restos de cerámicas que se han encontrado en diferentes yacimientos como el Arenero de los Vascos (Villaverde) o en la carretera de San Martín de la Vega. Estos objetos ofrecen asas de cinta y muestran incisiones de líneas longitudinales como elemento decorativo que nos condiciona a clasificarlas como Neolítico de Cerámicas Incisas muy extendido por el interior peninsular y procedente, con alta probabilidad, de Andalucía Oriental.

En realidad se desconocen los rasgos de las vidas de estos antepasados tan remotos de los actuales madrileños, pero es razonable suponer que conocían la ganadería y sobre todo la agricultura. Los descubrimientos arqueológicos sitúan la gran mayoría de las prácticas agrícolas en las riberas del Manzanares y del Jarama donde se establecieron estos pobladores aunque con una densidad considerablemente inferior a la del paleolítico. Los restos encontrados en las terrazas del Manzanares documentan la existencia de reducidos poblados constituidos por chozas de madera de las cuales sólo quedan algunos hoyos que fueron cavados en el suelo para obtener barro y servir de depósito de provisiones por lo que adquiere el nombre de “fondos de cabaña” y constituye el rasgo más característico y atípico del neolítico madrileño.

Otra peculiaridad de nuestra comarca son los enterramientos en fosa. Especial interés muestra la sepultura individual encontrada en el Arenero de Valdivia (Villaverde), ampliamente estudiada por Pérez de Barradas, con un cuenco y un brazalete de piedra.

Parece ser, aunque la controversia está fundada, que a mediados del siglo IV a.C. penetra en la comarca una corriente levantina denominada “Cultura de las Cuevas” y cuyo representante más importante es la Cueva del Aire en el término de Patones.

Diversos investigadores han querido clasificar como neolíticos diferentes yacimientos como los de Ecce Homo o el Sotillo pero se trata de afirmaciones confusas y de solidez dudosa por lo que es preferible citar aquellos restos neolíticos que presenten una mayor seguridad, aunque nunca plena dada la oscuridad y la falta de información de este periodo en la provincia de Madrid. Por lo tanto, es ineludible citar las riberas del Manzanares (sobre todo la diestra), del Jarama, el Arenero de Valdivia, de los Vascos, la Cueva del Aire y la Casa de Campo o San Fernando que han sido interpretados como áreas de inhumación.

Hasta aquí el resumen de la fascinante Edad de Piedra de la historia  madrileña tan desconocida como extraordinaria y deslumbrante.

La Edad de los Metales

Al comienzo de la Edad del Cobre, la población aumenta paulatinamente creando el substrato de la población de estas tierras. El eneolítico madrileño es un periodo de gran importancia y de características muy marcadas.

Se trata de una cultura tardía aunque no es fácil determinar una cronología convincente por la excepcionalidad de estos restos y la propia imprecisión de este periodo; de hecho, en ocasiones, se funden el Calcolítico y la primera fase del Bronce. Junto a escasas piezas de cobre aparecen enterramientos colectivos claramente calcolíticos en los términos de Patones y Torrelaguna, y la única muestra de monumento megalítico de la provincia, el dolmen de Entretérminos. También se han encontrado cuevas sepulcrales en las proximidades del Tajuña estableciendo la crítica a Madrid como punto de cruce entre los sepulcros megalíticos occidentales y los enterramientos en cuevas típico de oriente.

No obstante, el ejemplo más representativo y valioso de la cultura del cobre en la provincia de Madrid son los vasos campaniformes cuyos fragmentos fueron encontrados en más de 100 yacimientos repartidos en la proximidad de la capital. Lo más interesante de estos restos es el lejano origen que parecen tener lo que pone de manifiesto el contacto del interior de la Península con otras regiones atlánticas peninsulares de donde, junto con el vaso campaniforme, proceden metales y diversas influencias que afectaron a la complejidad de las relaciones sociales. Volviendo a los vasos campaniformes, mucho se ha hablado acerca de la datación de estos restos. Algunos afirman que dado el carácter tardío de la cultura, aparecen alrededor de los 1500 a.C. pero parece ser que en Ciempozuelos ya aparecen algunos fragmentos algo anteriores al 2000 a.C. Los yacimientos en que se han hallado son numerosísimos y, si bien no procede citarlos todos en esta síntesis de la rica Prehistoria de Madrid, se deben mencionar aquellos más relevantes. El río Manzanares, hoy cubierto de una suciedad inmunda, es un vestigio de esta época. Sus aguas bañan, en todo su recorrido, restos de vasos de campaniformes, desde la Casa de Campo hasta más allá de su confluencia con el Jarama, en Ciempozuelos donde su densidad llega a ser extraordinaria, siendo el yacimiento más relevante de este tipo de cerámicas. Por último, se derivan una serie de consecuencias de estos hallazgos. Se deduce que eran estos elementos lujosos (aparecen en algunas fosas individuales pertenecientes a las élites sociales), propios de un cierto estatus lo que demuestra el inicio de la jerarquía social en nuestra región, es el momento de transición entre el estado natural y el estado social del hombre.

 

Vaso campaniforme de Ciempozuelos, arcilla negra, pulimentado con una capa de barro fino, y decorado con motivos geométricos incisos rellenos de pasta blanca.

Junto a estos restos extraordinariamente peculiares adquiere una vital importancia los vestigios que aparecieron en Cantarranas hace 70 años cuando se construía la Ciudad Universitaria de Madrid. Salieron a la luz algunos hallazgos que daban pie a contemplar la posibilidad de que existieran ya elementos preurbanos en nuestra comarca. La discusión está servida pero, dado que este poblado, junto con el del Ventorro, tienen señales de una incipiente metalurgia y a que se inclinaba por el predominio agrícola parece razonable concluir que Cantarranas- el Ventorro suponen la irrupción de formas preurbanas en Madrid.  Y esto absolutamente trascendental en la historia de Madrid.

Años después, durante el Bronce-Medio destaca el aumento considerable de piezas metálicas siendo la cueva de Estremera y algunos hallazgos poco representativos de Villaverde los restos más notables de este periodo en Madrid. También merecen especial atención el enterramiento infantil de Tejar del Sastre y los yacimientos de la Torrecilla (Getafe) y de Estremera donde quizás se halle un posible santuario primitivo. Es, sin embargo, la cerámica en lo que debemos detenernos un poco más entendiendo que la historia de la Prehistoria es la historia de la cerámica. Las cerámicas de esta época surgen como evolución de los vasos campaniformes si bien se encuentran decoradas con raras incisiones. La riqueza de los hallazgos permite seguir una cierta evolución desde cerámicas anteriores a mediados del milenio (incisiones en espiga como los restos encontrados en el Arenero de los Vascos) a otros más evolucionados que denotan una mayor pericia técnica. Es la denominada Cultura de las Cogotas, que ha encontrado manifestaciones en otras zonas de la meseta, la cual se extiende hasta el último cuarto del primer milenio a.C.

Por último, y para concluir la Prehistoria madrileña, citaré con brevedad lo más característico del Bronce final.

Ya desaparece el hábitat en cuevas y aumenta definitivamente el número de restos metálicos. Persisten los fondos de cabaña tan característicos en nuestra comunidad aunque quizás, lo más relevante sea el establecimiento de los primeros poblados en altura algo alejados de las riberas de los ríos como era costumbre hasta ahora tal y como hemos visto. Entre estos nuevos asentamientos merecen especial atención el Viso, Ecce Homo y el Berrueco, este último ya en la sierra de Madrid.

Poco después penetraría el hierro en nuestra región, siglo VI a.C. así como el torno alfarero que desarrolló considerablemente las técnicas de producción de cerámica y aparecerían poblados desarrollados y formas urbanas como Complutum (alrededor del S. III a.C.) entrando paulatinamente en los umbrales de la Historia.

Finaliza en este punto el recorrido breve realizado por la rica, compleja, sorprendente y desconocida prehistoria de Madrid. Es cierto que no se pueden buscar los orígenes de esta ciudad en este lejano, ya casi olvidado, periodo del tiempo pero no se entenderán sus gentes, ni sus orígenes sin conocer aquellos momentos en que el hombre vivía inmerso en un estado natural hasta que fraguó, a base de tiempo y esfuerzo, una revolucionaria transformación hasta convertirse en lo que hoy es. Y para alcanzar un conocimiento, al menos mínimo de la Prehistoria, no se deben olvidar aquellos vestigios que se encuentran en el subsuelo de Madrid, uno de los yacimientos más importantes de Europa en cuanto a restos materiales y más desconocidos del mundo.

 

Autor: Carranza-1605