La destrucción de Tebas
Estamos en el año 335 a. de C., un año triste que marcaría la destrucción de la ciudad de Tebas, una ciudad que hace no muchos años, había forjado un imperio en la Grecia continental y que era el ejército más temido del mundo.
Tebas en la época de la invasión de Persia el siglo V a. de C., era una potencia de segundo orden, que para vergüenza los países helenos, se había posicionado al lado de los persas por su odio exacerbado a su gran rival, ¡Atenas!.
Pero el siglo IV a. de C., el rumbo de Tebas marcó un vuelco radical; Esparta era por aquel entonces la mayor potencia militar de Grecia, a la cual solo Atenas podía hacer sombra.
Pero en el último cuarto de siglo, Tebas, que se hallaba bajo dominio espartano, no solo se sacudió su dominación, sino que asumió el papel de líder hegemónico en toda Grecia; la batalla de Leuctra en el año 371 a. de C., fue una batalla que marcó el inicio de su liderazgo.
Los generales tebanos Pelópidas y sobre todo, Epaminondas , líder militar y político de un gran nivel, hicieron que el ejército tebano no tuvieran rival en la siguiente década; ciudades como Copa, Acraephia, Haliarto, Queronea , Coronea, Lebadea y Tanagra se unieron a lo que se conoció como “Liga Beocia”, con Tebas como ciudad líder.
Esparta, que había salido triunfante en la guerra del Peloponeso y líder hegemónico en Grecia, había visto como su ejército era derrotado por el de Tebas en Leuctra; el cual gracias a Epaminondas, ideó la formación en oblicuo, la cual derrotó a los hasta ahora, invencibles espartanos.
Sin embargo los espartanos todavía dieron batalla a los tebanos, ya que no querían renunciar a la antigua hegemonía que disfrutaron sobre Tebas; sin embargo, en la batalla de Mantinea en el 362 a. de C., demostró a los espartanos que olvidaran sus anhelos de recuperar Tebas.
Pero la victoria tebana se logró a costa de la muerte de su líder Epaminondas, lo cual fue un golpe decisivo sobre Tebas, ya que este hombre había encarnado el liderazgo y prosperidad de Tebas; a partir de entonces, se inició un lento y constante declive del potencial militar tebano.
Pero no solamente eso, poco tiempo después, emergió de Macedonia, un líder de grandes cualidades que supo elevar a la gloria al país. ¡En efecto!, este hombre se coronó como rey de Macedonia con el nombre de Filipo II, y bajo su mandato, el reino alcanzó la cúspide militar después de años en el que reino fuera un país de segunda fila.

Batalla de Leuctra en el año 371 a. de C. entre espartanos y Tebanos
Filipo era un hombre en el que se podía conjugar múltiples habilidades, talento militar, hábil y sagaz para la política etc..; conjugando las intrigas políticas junto con ingenio para firmar tratados políticos y luego romperlos a su conveniencia, se le pudo atribuir un maquiavélico ingenio para noquear a sus enemigos sin salir mancillado del asunto.
La intriga política junto con la creación de un nuevo ejército veterano y aguerrido; que bajo su mando se convirtió en la mejor máquina de guerra de la Grecia continental, hicieron que estos dos instrumentos hábilmente conducidos por él, forjaran un imperio que solo su hijo Alejandro Magno, pudiera superar.
Desde el año 359 a. de C., Filipo II emprendió una carrera en la que combinando la astucia, el engaño y su ejército; hizo que sus fronteras se expandieran a costa de sus países vecinos, a la par que debilitaba las dos potencias reinantes entonces en Grecia, Atenas Y Tebas.
Poco a poco, estas ciudades y sus respectivas ciudades aliadas, fueron cediendo terreno a favor de Macedonia, ante la cual no podían hacer frente de ninguna manera; finalmente en el año 340 a. de C., estas ciudades que eran rivales, decidieron unirse a pesar de la desconfianza que se tenían, para realizar una tarea común, parar los pies a la potencia de Macedonia.
Sin embargo, las fuerzas coaligadas de ambos reinos, eran una fuerza que no tenía rival para Macedonia, potencia por aquel entonces muy consciente de su fuerza; la batalla entre Filipo II y el ejército coaligado de Atenas y Tebas, se dio cerca de la localidad de Queronea, en territorio de Beocia.
Era el año 338 a. de C., cuando resumiendo de manera rápida, Filipo II tras sondear las posiciones enemigas, decidió apelar a la astucia; el ejército coaligado, ocupaba unas excelentes posiciones elevadas, apoyado en los flancos por un río vecinal y una zona agreste, finalmente en caso de retirada, podían posicionas en las montañas que tenían a retaguardia.
Filipo reconoció que un ataque a las posiciones enemigas le costaría muchos esfuerzos y gran cantidad de bajas, por lo que apeló al engaño; los tebanos eran combatientes muy experimentados, por lo que decidió provocar a los atenienses, que no eran tan duchos en combate como sus vecinos.
Filipo envió parte de sus fuerzas a enfrentarse al bando ateniense, y tras trabar combate, inició un repliegue ordenado; esto entusiasmo a los atenienses, los cuales abandonaron sus posiciones defensivas en pos de su enemigo; esto provocó que en el centro coaligado se abriera un brecha, la cual tuvo que ser taponada por las tropas tebanas del flanco derecho (con esto se demostraba que la contrario que en Macedonia, no había un líder claro en los coaligados, o al menos, uno que se hiciera respetar sin discusión entre los dos bandos).

Epaminondas, general y líder tebano
Aun así, el entro era débil, así que parte de las tropas macedonias al mando del general Parmenión, profundizaron en el despliegue enemigo logrando su ruptura; la derecha coaligada había sido debilitada para taponar en centro coaligado, lo cual fue aprovechado por Alejandro Magno para destrozar el flanco derecho enemigo.
La situación para los coaligados era desastrosa; con el centro y la derecha de su ejército desbordados, no quedó más remedio que iniciar la retirada y dar por perdida la batalla; ¡pero aún para los tebanos!, los atenienses bien situados en la batalla, pudieron replegar la mayoría de sus fuerzas.
Pero los tebanos llevaron la peor parte; soportaron el peso del combate, sufriendo mayor número de muertos y heridos que sus aliados; también sufrieron mayor número de prisioneros, ya que al contrario que sus aliados, los tebanos no pudieron replegarse por culpa de las posiciones que ocupaban, así, buena parte de sus tropas cayó en manos macedonias.
Macedonia salía vencedora indiscutible de la jornada; El ejército macedonio al mando de un líder indiscutible y compuesto por una oficialidad joven y veterana, demostraba que no tenía rival en el continente Griego.
Llegaba la hora de imponer las condiciones de paz; parece que Atenas fue la mejor librada, aunque el pequeño imperio que conservaba fue desmantelado, la ciudad fue tratada con relativa suavidad y consideración, acorde con la gran admiración que Filipo siempre había sentido por la legendaria ciudad helénica.
Todo lo contrario que sobre Tebas, con la cual actuó con mano dura; los prisioneros de la batalla fueron vendidos a la ciudad igual que si fueran esclavos; los muertos tebanos en la batalla fueron recuperados por sus familiares, también por previo pago.
La antigua “liga Beocia” fue desmantelada por completo; la ciudad de Tebas, reducida a su ciudad y sus aledaños, sufrió un golpe de gran impacto para la moral de la ciudad, se vio obligada a aceptar en su “acrópolis” (la acrópolis existía en la mayoría de ciudades griegas, era un pequeño recinto sumamente fortificado dentro de la ciudad, el cual acogía a los habitantes civiles y militares de la ciudad, que en caso de que la ciudad fuera invadida por el enemigo, era utilizada como último reducto militar de defensa) a una guarnición macedonia.
Aunque Filipo tras entrar en Tebas procedió a eliminar y exiliar a los líderes tebanos que se le oponían, (conservando solo los afines a él) realizó un tratado de paz tan duro que se ganó el resentimiento y odio del pueblo tebano, con lo que dejó los mimbres para una rebelión posterior de los tebanos, aunque ahora no les quedara más remedio que aceptar lo que Filipo les imponía.

Liga Beocia, liderada por Tebas
Filipo puso en marcha sus planes, la creación de una confederación de las ciudades de Grecia con Filipo II como su líder hegemónico, el objetivo era la invasión del odiado imperio persa, al cual Filipo dedicó tras la paz todos sus recursos.
Sin embargo, dos años después, cuando la invasión era inminente y los preparativos se ultimaban, Filipo II era asesinado por un miembro de su guardia personal llamado Pausianas, parecía que el edificio político levantado por Filipo iba a saltar por los aires.
Pocos consideraron que su joven hijo iba a coger el testigo del padre con gran vigor; asumió plenamente la herencia del padre y no solo eso, los planes del padre fueron refrendados por el hijo, y los preparativos de la invasión del imperio persa siguieron su curso.
Pero antes de llegar a este caso, un terremoto de incertidumbre sacudió al reino macedonio, la muerte de Filipo, hizo que numerosos enemigos del reino vieran la oportunidad de sacudirse el yugo macedonio, pero Alejandro, con mano de hierro, sofocó todo intento de rebelión en el reino de Macedonia y en la confederación griega.
Hubo un momento en que Alejandro pasó serios apuros, en el norte del reino macedonio, las tribus bárbaras se pusieron en pie de guerra al enterarse estos de la muerte de Filipo; allí tuvo que acudir Alejandro, llegando en su incursión persiguiendo a los revoltosos hasta el cercano río Danubio.
Un político llamado Demóstenes, quizá el que más influencia desplegaba en la ciudad de Atenas (por lo que su poder era muy importante) tenía sobre el reino macedonio un odio visceral; de hecho, desde que Filipo II tomó el poder y se dedicó a expandir las fronteras del reino, Demóstenes intentó torpedear o entorpecer los esfuerzos de Filipo con todas sus fuerzas.
Quizá Demóstenes vio en Filipo a un rey de gran iniciativa, que podía romper el equilibrio reinante en la Grecia continental y convertirse en un peligroso contrincante que hiciera prevalecer su supremacía en Grecia, y aunque intentó con todas sus fuerzas molestar a Filipo, fracasó en todos sus planes.
Pero ahora Demóstenes vio claro el asunto, con Alejandro Magno vagando por el norte del reino de Macedonia y aun más allá; Demóstenes azuzó con gran vigor a los tebanos a que se revelaran contra sus odiados opresores macedonios.
Estos no necesitaron que Demóstenes desplegara toda su oratoria para ser convencidos a rebelarse; la ausencia de Alejandro Magno fue larga y sus enemigos tuvieron tiempo para prepararse a conciencia.

"Batallón Sagrado Tebano", unidad de élite del ejército tebano
El rey persa Darío III acudió en ayuda de la rebelión; en ausencia de Alejandro, desparramó sobre la Grecia continental grandes sumas de oro persa, todo para corromper conciencias entre los políticos griegos, para intentar que pasaran a su órbita de influencia.
Un emisario persa acudió con 300 talentos como regalo para las autoridades de la ciudad de Atenas, pero estas honradamente decidieron declinar la oferta persa; pero Demóstenes, apoyándose en la gran influencia política de que gozaba en la ciudad, decidió ocuparse él del dinero.
Demóstenes (cuyo odio por los macedonios le llevó a convertirse en uno de los numerosos agentes al servicio del rey persa en Grecia) decidió entregar una considerable cantidad de dinero a los tebanos, con la que estos pudieron pagar una buena parte del armamento y equipamiento para dicha rebelión.
La rebelión triunfó en toda regla, los ciudadanos equipados gracias al oro persa se aprestaron a reducir la guarnición de la acrópolis donde los macedonios tenían una guarnición; la represalia dentro de la ciudad sobre los tebanos aliados de los macedonios debió ser terrible, aunque no tengo noticias de ello.
Los tebanos se dirigieron a la acrópolis, pero no pudieron expugnarla gracias a su formidable fortificación, secundada por la obstinada defensa que hicieron gala sus defensores; por lo tanto a los tebanos no les quedó más remedio que someter a la ciudadela a un firme asedio, buscando una posible expugnación para más adelante.
Contribuyó también al éxito de la rebelión una falsa noticia, según la cual, Alejandro había fallecido en combate por la zona norte del Danubio; Alejandro recibió aviso en ese mismo lugar de que Tebas se había revelado por las falsas noticias de su muerte.
Era perentorio para el monarca acudir a Grecia para desmentir su muerte y ahogar la rebelión tebana; Alejandro no tuvo tiempo de someter a las tribus tracias de manera contundente, así que tras firmar con los tracios una paz honorable (ya encontraría el tiempo para ajustarles las cuentas cuando tuviera tiempo) a marchas forzadas y en un tiempo récord, Alejandro se presentó a las puestas de Tebas.
A su regreso a Macedonia, reprimió en una sola semana a los hostiles ilirios y dardanelos cerca del lago Pequeño Prespa y después se dirigió hacia Tebas velozmente, recorriendo la distancia a razón de 35 kilómetros diarios, (lo cual demuestra que las tropas macedonias se hallaban en plena forma) se presentó a las puertas de Tebas.
La sorpresa de la ciudad fue mayúscula, el hecho de tener presente al fallecido con todo su ejército, ¡ hizo que el alma se le cayera a los pies a los pobres tebanos!; pero una vez que estos se recuperaron de la sorpresa, se aprestaron enérgicamente a hacer frente al macedonio con terrible resolución, ¡muerte antes que esclavitud!.

Un jinete y dos escaramuzadores espartanos persiguiendo a un hoplita tebano
Alejandro decidió templar gaitas con los sublevados y no ser muy dudo, tenía en mente la preparación de la invasión de Persia, y quería que en los aliados griegos que le acompañaran en la expedición, no hubiera fisura alguna de unión; solo exigió a cambio de la rendición, que los líderes que habían encabezado la revuelta fueran entregados a su persona.
En ese momento, varias ciudades entre las cuales se hallaban Orcómeno, Platea, Fócida y alguna otra, decidieron por oportunismo político sacar tajada del posible saqueo y reparto de la ciudad y territorios de Tebas y unieron sus fuerzas a las macedonias.
Los tebanos respondieron con mucha altanería, contra ofertando que aceptarían la paz macedonia a cambio de varios generales macedonios; Alejandro tenía un pronto terrible, pero decidió seguir con las negociaciones y hacer oídos sordos a las provocaciones tebanas.
Alejandro tuvo también que soportar una incursión tebana en su campamento, la cual se saldó con varias bajas entre los macedonios; pero Alejandro decidió sin dejarse provocar por los tebanos, seguía confiando en un posible arreglo que evitara el derramamiento excesivo de sangre.
Los tebanos confiaban desde el inicio de la rebelión, que los atenienses acudieran en su ayuda, ¡quizás Demóstenes convenciera a los atenienses de la conveniencia de unirse a la causa justa de los tebanos!.
Sin embargo los tebanos sufrieron una terrible desilusión, Atenas no mandaría ayuda, solo su sincero afecto moral (lo cual era de muy poca ayuda) y Demóstenes, parece que extrañamente no hizo intentó alguno por convencer a los atenienses, quizá una vez que supo que Alejandro estaba vivo y a las puertas de Tebas, le angustiaba más su propio pellejo por su implicación en la rebelión, que por solicitar ayuda para los tebanos.
Había un partido pacifista dentro de Tebas, en el que confiaba Alejandro que la ciudad cambiara de opinión se plegara a los deseos del monarca; sin embargo los ánimos en la ciudad estaban muy inflamados y revueltos contra los macedonios, y el partido pacificador decidió no hacerse notar mucho, no vaya a ser que el partido en el poder decidiera represaliarlos.
Uno de los generales de Alejandro llamado Pérdicas, estuvo tanteando las defensas del enemigo, buscando un lugar de ataque favorable; parece que encontró un punto en el que un ataque podía resultar muy positivo, ¡quizá una zona amurallada no muy sólida!.

Mapa de rojo de Tebas y su territorio
El ataque se efectuó positivamente, la primera muralla de la ciudad resultó forzada y las tropas macedonias entraron en la ciudad, pero inmediatamente los tebanos, que no permanecieron ociosos ante el resultado, acudieron en masa a la brecha, presentando a los macedonios una resistencia obstinada que les detuvo en seco.
La batalla fue muy reñida, con los tebanos resistiendo el avance macedonio y estos intentando romper el anillo defensivo tebano, con esto, la ciudad caerían en cuestión de horas; un suceso produjo un resultado que pudo acabar mal para los macedonios, su general llamado Pérdicas resultó herido en el asalto, lo cual provocó la conmoción entre las tropas macedonias.
Esto dio renovados ánimos entre los tebanos, renovando su ánimo defensivo; los tebanos contra tacaron con renovado vigor, forzando a los macedonios no solo a salir de la ciudad, sino procediendo a perseguirlos fuera de las murallas; quizá este procedimiento fue un error, pero al calor de la lucha parecía la mejor opción.
Los tebanos no tuvieron en cuenta que Alejandro estaba a las afueras de la brecha con sus tropas; este juzgó rápidamente la situación. Decidió dejar que los tebanos persiguieran a las tropas de Pérdicas, solo para poder asestarles un golpe fatal.
La maniobra de Alejandro resultó acertada, dejó que persiguieran a los hombres de Pérdicas, solo para después interponerse en el camino de los tebanos; estos tras una confiada persecución se encontraron frente al muro de los veteranos “hipaspistas” de Alejandro.
La lucha fue muy reñida, pero finalmente los tebanos fueron obligados a retirarse a la ciudad; la ciudad de Tebas se encontró ante una difícil tesitura, la empalizada por donde se replegaron los tebanos, tenía que ser bajada para que estos pudieran entrar en la ciudad.
Esto obligaba a la ciudad a elegir entre dejar cerrada la ciudad y que sus tropas fueran masacradas o bajar la empalizada y que los fugitivos entraran con el consiguiente peligro de que los macedonios aprovecharan la confusión, para introducirse ellos con los fugitivos y no se pudiera elevar la empalizada.

Pelópidas, general tebano
Finalmente decidieron correr el riesgo y no dejar abandonadas sus tropas; por desgracia ocurrió lo que tenía que ocurrir, los tebanos entraron y los macedonios junto con ellos; la lucha en la ciudad fue de una terrible resolución, con los macedonios en la ciudad, establecieron los tebanos una defensa casa por casa obstinada y sangrienta.
Para obstaculizar la defensa tebana, los macedonios de la Acrópolis tebana que estaban asediados y no habían podido ser sometidos, efectuaron una salida para abatir a los tebanos que les tenían sitiados y entorpecer la defensa de la ciudad; la lucha fue en exceso sangrienta, ya que los tebanos decidieron morir antes que rendirse.
Finalmente la ciudad capituló a un alto precio entre ambas fuerzas; Alejandro que había confiado en una paz negociada, tuvo que batallar denodadamente para que la ciudad capitulara, Alejandro furiosos hasta el extremo, decidió aplicar un escarmiento ejemplar sobre la ciudad y sus habitantes, no solo como represalia a la ciudad, sino como una advertencia general al mundo griego de lo que podía ocurrir si una ciudad se rebelaba en contra de sus deseos.
La ciudad pagó un caro tributo de 6.000 tebanos muertos, pero los supervivientes, quizá en número de 30.000 personas, fueron vendidos como esclavos; Alejandro salvó de la esclavitud a los sacerdotes, los líderes del partido pro-macedonio y a los descendientes del poeta Píndaro, un poeta del pasado al que Alejandro admiraba profundamente.
También Alejandro dolorosamente, que la ciudad fue derruida por completo, la ciudad más famosa del mundo griego tras, ¡quizás!, Atenas, desapareció del mapa; solo se conservó la acrópolis de la ciudad, los templos y la casa del poeta Píndaro.

soldado tebano
Los aliados tespios, foceos y plateos resultaron terribles en el saqueo de la ciudad por parte de los macedonios, y tras la batalla, ellos resultaron beneficiados en el reparto del territorio de la ciudad tebana.
Alejandro tras los terribles hechos ejecutados, parece que tuvo ciertos remordimientos por su terrible conducta para con la ciudad; no todo fue maldad, Alejandro se permitió alguna medida de gracia, según un relato de dudosa realidad, dice que una tal Timoclea, noble tebana, fue asaltada por un oficial tracio con intenciones de violarla y de apoderarse de su oro.
El oficial prefirió empezar por coger el dinero, lo que aprovechó la noble para hacerle asomar a un pozo, arrojarle a él, y asesinarle a lapidándolo (o tirándole piedras); sus hombres, buscándole, dieron con Timoclea y averiguando lo ocurrido, condujeron ante el rey a la mujer.
Alejandro perdonó a la mujer, recociendo la valentía de la mujer que antes que dejarse a tropellar, decidió defenderse recurriendo a la única arma de que ella disponía, ¡la inteligencia!.
Alejandro tuvo tiempo después intentar compensar a los tebanos; tras la batalla del Granico en el año 334 a. de C., Alejandro masacró al ejército mercenario griego que militaba en el ejército persa, 15.000 de ellos sucumbieron antes de que Alejandro decidiera tomar prisioneros al resto de ellos.
2.000 de ellos cargados de cadenas, fueron trasladados a Macedonia para trabajar en labores agrícolas (ya que mucha mano de obra macedonia militaba en las fuerzas de Alejandro Magno en Persia); pero misteriosamente, los tebanos que militaban entre los mercenarios griegos, fueron liberados sin condición alguna; ¿quizá para aplacar la conciencia de Alejandro?, ¡posiblemente!.

Alejandro Magno entrando en Tebas
Autor: Eljoines
Bibliografía
- Wikipedia.
- Satrapa1.
- http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/personajes/4186.htm.
- http://www.historialago.com/leg_alejandromagno.htm.
- http://www.uam.es/proyectosinv/sterea//atlas/alejandro.htm.






