La Defensa de la Habana
Según Sir Winston Churchill la guerra de los Siete años (1756-1763) fue la “ verdadera primera guerra mundial de la historia”. Enfrentó a Gran Bretaña, Hannover, Prusia y Portugal contra Francia, Austria, Rusia, Suecia, Sajonia y España a lo largo de tres continentes; Europa, América y Asía.
España había mantenido una política de neutralidad bajo el reinado de Fernando VI política que fue seguida por su hermano Carlos III pero los agravios de España contra Inglaterra habían crecido. Los ingleses abordaban arbitrariamente los barcos españoles en las Antillas y en el Atlántico,
los colonos ingleses establecidos ilegalmente en Honduras y dedicados a la tala y comercio del palo campeche[1] seguían construyendo fortificaciones lo que tenían prohibido y el contrabando se había incrementado en esta zona americana. Por otro lado los franceses habían perdido parte de sus posesiones en el Caribe y el resto de ellas estaban apunto de caer en manos inglesas lo que amenazaba directamente los intereses económicos españoles y creaba el riesgo de nuevas bases inglesas en una zona de alto interés político, económico y estratégico ya que si controlaban estos mares cerraban a España el camino del comercio americano a sus colonias y la ruta de la Plata.
El ministro francés duque de Choiseul supo jugar hábilmente estas circunstancias para atraer a España a un guerra que Francia estaba perdiendo. España firmó con Francia su tercer Pacto de Familia en el 15 de agosto 1761. Pero que la guerra contra Inglaterra estaba a punto de estallar era un hecho tan conocido y evidente como para que William Pitt en fecha tan temprana como el año 1760 encargara la creación de una gran flota para atacar al enemigo español en un punto que fuera letal para él:
Cuba. La muerte del rey ingles Jorge II, el 25 de octubre de 1760, y la entronización de Jorge III dio lugar a un cambio de ministros y a un intento de resolver problemas por medios diplomáticos que estaría abocado al fracaso desde sus inicios.
El ministro francés duque de Choiseul
El acuerdo secreto entre Francia y España sobre el Pacto obligaba a no revelar la existencia de este hasta mediados del año 1762 al no estar España preparada para entrar en la guerra. Pero la llegada sin incidencias de la Flota de la Plata del año 1761 hizo que el gobierno de París lo publicase esas navidades. Como consecuencia el 4 de enero de 1762 Inglaterra declaraba la guerra a España, para marzo la flota inglesa ya estaría lista.
El 4 de marzo se dio la orden de zarpar a una flota compuesta por cinco navíos de línea de entre 60 a 90 cañones que daban escolta a 64 buques mercantes transformados en trasporte de tropas más cuatro buques hospital. Para el 19 entraban en la isla de Barbados donde se enteraban que la Martinica había caído en poder de los ingleses así como las islas Dominica, Santa Lucía y Granada esperándose en cualquier momento la ocupación de la isla de San Vicente. Con estas noticias se liberaban tropas y barcos que permitían aumentar la fuerza de la flota. En total llegarían frente al puerto de la Habana una poderosa flota de 23 navíos de línea, 24 fragatas, tres cheques de fondo plano y unos 150 navíos mercantes de diferente tonelaje que transportaban a la tropa, avituallamientos y hospitales. En total montaban 2.292 cañones y sumaba mas de 20.000 entre marinos y tropa a la espera de un refuerzo de 4.000 soldados provenientes de las colonias norteamericanas.
La flota estaría bajo el mando del almirante Pockock y el ejercito bajo George Keppel, conde de Albermale, a quien acompañarían sus dos hermanos uno comodoro de la marina y el otro general del ejercito..
Fuerte San Carlos en la Habana
Por parte española D. Gutierre de Hevía, marques del Real Transporte[2], era comandante general de una escuadra compuesta por catorce navíos de línea y cuatro fragatas y si hubiera reunido todas las unidades dispersas en los diferentes puertos españoles en esas aguas hubiera formado una escuadra de 21 navíos, 7 fragatas, 2 paquebotes y un jabeque que podían haber causado perdidas entre las unidades mercantes que transportaban tropas tan grandes como para obligar a abortar la operación británica. Mucho mas si se hubieran unido a la flota francesa. Pero el nuevo gobernador de la Habana y capitán general de la isla de Cuba: Don Juan de Prado Malleza Portocarrero y Luna no lo juzgó conveniente cometiendo su primer error. Este se negó a cualquier acción conjunta alegando que los buques que disponía eran para la protección de la Habana.
Sabiendo de la importancia del puerto de la Habana y de la isla de Cuba la corona española sustituyó al veterano capitán general Don Francisco de Cagigal y de la Vega por lo que se consideró una buena elección; el anteriormente mencionado mariscal de Campo.
Este tenía una brillante hoja de servicios en combate y se había distinguido como administrador y organizador en su último destino; subinspector de infantería en Aragón, Valencia y Murcia.
El conflicto se vivio a ambos lados del Atlantico y se reflejo en la recluta y cargas de infanteria de linea mejorando sus tacticas
El motivo de haberle nombrado radicaba en esta última característica, se necesitaba un buen administrador militar que pusiera el puerto de la Habana en buen estado de defensa y que, al tiempo, pusiera orden en los ingresos Reales y en el desarrollo de la zona prestando especial atención a la Real Compañía Habanera y a la producción y comercio de azucares y tabaco. Hasta finales de noviembre de 1761 Prado no pudo embarcar hacía su destino y esto fue después de una audiencia con el rey Carlos III que le advirtió lo que se esperaba de él. En concreto una de las instrucciones confidenciales que se le notificó fue la de crear una fortificación que permitiera la defensa del promontorio denominado “La Cabaña”. Este promontorio dominaba al castillo del Morro con su altura y una batería situada sobre ella permitiría no solo dominar este castillo, “llave de la Habana”, si no también bombardear la propia ciudad lo que le convertía en una altura estratégica que debía ser debidamente protegida y defendida.
Para defender la plaza contaba con el regimiento de infantería de la Habana mandado por el coronel Alejandro Arroyo y compuesto por cuatro batallones de seis compañías con una fuerza total de 856 soldados sin contar oficiales y los destacamentos destinados en diferentes puntos de Cuba y La Florida. El segundo batallón del regimiento de infantería España al mando del teniente coronel Feliú formado por nueve compañías con 645 soldados sin contar oficiales. El segundo batallón del regimiento Aragón mandado por el teniente coronel. Panés Moreno formado por nueve compañías con 636 soldados sin contar oficiales. El cuerpo de dragones de la Habana que estaba repartido por diferentes destinos estando en la Habana una fuerza de cuatro compañías compuestas por 54 soldados a caballo y 21 a pie. Dragones de Edimburgo formado por 200 a caballo sin contar oficiales.
Una de las instrucciones reales mandaba que caso de sospecharse de un ataque inglés se creara una Junta de Guerra compuesta por los máximos oficiales que se encontraran allí bien por destino bien por accidente como fue el caso del virrey de Méjico conde de Superunda que había cesado en su cargo e iba camino de España cuando le pillaron los acontecimientos.
Don Juan de Prado inició una obras de fortificación en el cerro de “La Cabaña”que pronto abandonó debido a la necesidad de herramientas especiales debido a la dureza del terreno. Pero sus ingenieros le señalaron otra necesidades. Había que reforzar los muros de la ciudad y los del castillo del Morro por encontrarse en estado de abandono y en algunos tramos estar construidos de mampostería y no de sillares de piedra lo que los hacía mas débiles frente al impacto de los proyectiles de los cañones. Además la guarnición necesitaba el urgente envió y aprovisionamiento de fusiles, pólvora, munición, granadas de mano. Los cañones había suficientes debido al aporte de los mismos que hizo la escuadra y al hecho de reservarse un envio de treinta cañones con destino al virreinato de Méjico. El total de bocas de fuego que tenía la Habana era de 350 cañones a sumar los de la escuadra. Pero el gobernador perdió un tiempo precioso en asuntos menores de índole económica y este fue el segundo gran error de una cadena que llevaría a la perdida de la ciudad.
El Sitio
El 6 de junio a las diez de la mañana se presentó la flota inglesa frente al castillo del Morro. Tras confirmar que se trata de una acción de guerra se llama a formar a las milicias se las arman y se constituye regimientos con ellas. Estas sumaran un refuerzo de 3350 soldados aunque carentes de experiencia por lo que su principal labor será la de dar apoyo a las tropas. De estos los batallones de negros destacaran por su buen comportamiento. Al día siguiente en la Junta de Guerra se pone de manifiesto el estado de indefensión en que se halla el cerro de “La Cabaña” por lo que se encarga el subir una batería de cañones a su cima algo que se realizara a brazo en medio de enormes esfuerzos. El día 8 de junio se decide en Junta una de las mas criticadas acciones de la defensa; cerrar la entrada al puerto con una cadena desde el castillo de La Punta al del Morro y hundir en el estrecho canal navíos que bloqueen la entrada. Con esta decisión Prado renunciaba a cualquier acción por parte de la escuadra que tenía al tiempo que la encerraba sin posibilidad de ser útil. Los ingleses se veían liberados del peligro de una salida de la flota española sin necesidad de disparar un solo tiro. Pero lo mas criticado y que sigue sin comprenderse es como se ordenó el hundimiento de tres navíos de línea en perfecto estado y de los mejores de la flota para tan triste fin pudiendo contar con barcos mercantes con suficiente tamaño como para desempeñar el papel destinado. Entre el día 9 y 10 de junio se hundieron junto a la cadena los barcos “Neptuno” de 70 cañones y los “Asia” y “Europa” de 60 cañones cada uno.
Perdida la función de la marina se ordena desmantelar la artillería y repartir esta junto con las reservas de pólvora, munición y el refuerzo de las tropas de infantería de marina artilleros y marineros entre las diferentes guarniciones.
A los oficiales se les repartió diferente cometido y a uno de ellos, el capitán de navío don Luis de Velasco y Fernández de la Isla se le encargó la defensa del castillo del Morro.
La defensa del Morro hizo que la escuadra inglesa sufriera graves perdidas y tuviera que retirarse, Pintura del Museo Naval de Madrid que representa el ataque dado al baluarte Santiago por un escuadrón de cuatro navíos británicos, el 1 de julio de 1762
Los ingleses siguen un plan de ataque ya prediseñado. El día 7 llevan a cabo maniobras de distracción frente al castillo del Morro mientras una parte de la flota bajo las ordenes del comodoro Keppel desembarcan a parte del ejercito al este de la habana tras reducir al silencio a las pequeñas fortalezas españolas de Bucaranao y Cojimar. Al terminar el día los soldados ingleses están a cuatro kilómetros de la fortaleza del Morro. Al día siguiente cae la villa de Guanabacoa que estaba defendida por un pequeño contingente de milicia. Entretanto una fuerza inglesa al mando del coronel Carleton llega a “La Cabaña”. Esta ha sido armada con dos baterías de cañones pero las obras de fortificación son muy someras por lo que la posición es vulnerable. Este importante punto estratégico de la defensa de la Habana estaba siendo defendido por milicias que contaban con un pequeño contingente de tropas veteranas. Tras la primera media hora de combate las milicias echaron a correr. Las tropas veteranas continuaron con el fuego y salvaron el día al retirarse los ingleses y dejar el asalto final para el día siguiente. La Junta, no contando con suficientes tropas veteranas para defender este puesto, adopta la increíble resolución de ordenar despeñar los cañones que con tanto esfuerzo se habían subido y dejar una fuerza de milicia como piquete de observación con orden de abandonar la posición al asalto inglés. Este fue otro de los graves errores que cometió la Junta y por los que pagaría con la perdida de la ciudad.
Para el día 11 de Junio “La cabaña” esta en manos de los ingleses. Estos organizan otro desembarco de tropas al oeste de la Habana destruyendo y tomando los fuertes de la Chorrera y Torreón de San Lázaro. La defensa de la Haban se torna desesperada por lo que el gobernador don Juan de Prado ordena la evacuación de la ciudad de mujeres, niños, ancianos y religiosos camino de Managua y Santiago.
Para el día 14 los ingleses han instalado tres baterías de cañones en las alturas de la cabaña, algunos de ellos a 190 metros del castillo del Morro, y en el castillo de la Chorrera. Estos últimos ya empiezan a disparar contra la ciudad causando daños. El gobernador, aun sabiendo que no se habían terminado los trabajos de fortificación de estas piezas y por lo tanto eran vulnerables se niega a lanzar a la caballería contra ellos.
La defensa del Morro
Desde el 13 de junio las baterías inglesas situadas sobre “La Cabaña” empiezan a disparar con facilidad sobre el castillo del Morro. Por mar los barcos de la escuadra inglesa enfilan sus cañones contra este fortín. Don Luis de Velasco defenderá con tesón esta fortaleza haciendose presente en los lugares de mas peligro y dando ejemplo de valor y decisión, infundiendo entre la tropa un deseo de resistir. En todo momento Velasco insiste al gobernador que organice salidas para atacar los atrincheramientos enemigos y que alivie así la presión a la que se ve sometido.
El día 29 de junio se lleva a cabo un ataque a las baterías que fracasa pero permite que trescientos soldados al mando del coronel Arroyo entre en el Morro para reforzar a la guarnición.
El 1 de julio se lleva a cabo un ataque general por tierra y mar contra el castillo. Por mar un navío inglés, el Namur, debió ser remolcado por lanchas al haber perdido todos sus palos, otros dos, el Cambridge y Marlborough sufrieron daños. El comandante de un cuarto, el Stirling Castle, fue relevado de su cargo y juzgado por cobardía. Por tierra las baterías del general Keppel van desmontando una a una las piezas que defienden al castillo. Los baluartes y las cortinas se resquebrajaban, los soldados mueren despedazados por los proyectiles de los cañones o enterrados al derrumbarse los muros que protegen el Morro. Con todo el castillo resiste. Al día siguiente han desaparecido las obras exteriores del castillo. Los cañones dentro del Morro son cada vez mas escasos y por la tarde solo dos de ellos están en situación de hacer fuego.
Por la noche, tras estos interminables días, se hacen prodigiosos esfuerzos para llevar al castillo, desde la Habana, tropas de refresco y cañones para sustituir aquellos que han sido destrozados. Pero los ingleses también van aumentando el número de bocas de fuego que disparan desde tierra por lo que siempre estarán los españoles en inferioridad. Para el 12 de julio veinte cañones ingleses disparan contra cinco o seis españoles que responden.
El 15 de julio don Luis de Velasco, que se hallaba enfermo, acude a las murallas en ruinas y con su presencia anima a los soldados a mantener la defensa. En ese momento será cuando es gravemente herido en la espalda por la metralla. Contra su voluntad debe ceder el mando de la guarnición al capitán de navío Francisco de Medina y, con gran cuidado ya que todos reverencia al su jefe, trasladado a la Habana para que le curen las heridas.
El combate continua, el 17 de julio solo quedan dos cañones activos, los ingleses inician una mina para volar los muros. El día 19 y 20 se consigue instalar tres nuevos cañones que pronto quedaran inservibles. Los merlones[3] que dan a tierra están todos destruidos. El trabajo de las minas prosigue amenazadoramente.
El día 23 de julio las tropas españolas atacan a las inglesas con idea de destruir sus baterías. Este ataque desde la Habana ha sido ideado por don Luis de Velasco quien, a pesar de la gravedad de su herida, no cesa en la idea de una defensa activa frente al enemigo al contrario que el gobernador y la Junta que postulan una defensa pasiva a la espera que la enfermedad destruya al ejercito enemigo como sucedió en Cartagena de Indias[4]. Fracasó el ataque debido a un fallo en la coordinación. Sin esperanzas de parar las obras de las minas que cada vez se aproximaban mas a los muros del castillo, don Luis de Velasco, a pesar de su herida, volvió a asumir su puesto en la defensa del castillo que se sabía sentenciado.
El día 27 de julio los ingleses cortaron la única posibilidad que tenían los españoles del Morro de comunicarse con la ciudad que era con pequeñas embarcaciones por el centro de la bahía. Los cañones ingleses habían cortado este precario cordón umbilical. Desde ese instante la guarnición del Morro se encontraba aislada y sin posibilidad de recibir suministros o refuerzos.
Al día siguiente los ingleses recibieron un refuerzo de 3.000 soldados procedentes de las colonias americanas. Entre los recién llegados se encontraba un joven George Washington. Estos refuerzos causan tan buen efecto moral entre los ingleses que se deciden al asalto final.
Velasco sabe que el castillo esta sentenciado por lo que comunica a la Junta la situación y solicita ordenes. La Junta de Defensa, incapaz de tomar ninguna decisión, le contesta que actué como crea oportuno. Este mensaje a una persona con el sentido del deber y pundonor del comandante del castillo es prácticamente una incitación a que lleve a cabo una lucha hasta el final.
El día 30 de julio de 1762 el general William Keppel da la orden de atacar. El orden de ataque será los destacamentos de zapadores delante tras ellos cuatro compañías de soldados[5], el general Keppel al mando de una brigada detrás y al final el resto de las brigadas.
A las dos de la tarde, la hora de mas calor, explotan las minas y las tropas parten al asalto. Se inicia un combate cuerpo a cuerpo por el castillo de una ferocidad inaudita. Don Luis reune entorno a sí una fuerza de cien hombres en los parapetos que están alrededor de la bandera y anima la defensa hasta que una bala le atraviesa el pecho. El mando de la fortaleza pasa a don Vicente González-Valor de Bassecourt que murió con el cuerpo atravesado por las bayonetas enemigas mientras abrazaba la enseña nacional. Los supervivientes rinden la fortaleza.
Los ingleses muy impresionados por el valor mostrado por los españoles en la defensa del castillo y en especial con su comandante organizan el traslado de don Luis de Velasco a la Habana para que sea cuidado por médicos españoles, en el traslado a la ciudad la acompañara uno de los oficiales del conde de Albermale. Dos días después fallecería el heroico marino.
Retrato del General William Keppel
Final
Con la caída del castillo se sentenció la suerte de la ciudad que resistiría solo hasta el día 13 de agosto. Los ingleses que estaban llenos de admiración por el coraje y la porfía del Luis de Velasco no sintieron los mismo por los miembros de la Junta de Defensa cuya defensa de la ciudad les pareció pobre.
Tras la capitulación los principales oficiales españoles fueron embarcados y devueltos a España donde les esperaba un juicio para dilucidar su actuación. El proceso reveló los fallos cometidos en la defensa de la plaza de la Habana.
El mariscal de Campo don Juan de Prado y el jefe de la escuadra marques del Real Transporte fueron condenados a privación completa de sus empleos y condecoraciones militares, desterrados de la corte a mas de 40 leguas de esta durante diez años y a resarcir a la Real Hacienda y al comercio por los perjuicios causados con su patrimonio.
El pobre don Juan de Prado fue a ocultar su desdicha a casa de unos amigos en Oviedo. Enfermo de muerte en 1765 al serle administrado el Viático juró de rodillas sobre su lecho haber actuado correctamente en la defensa de la plaza según su criterio como militar y como caballero. Poco antes de morir le llegó noticia de la revisión de su caso y como le habían sido rehabilitados sus cargos y honores militares. Inmediatamente ordenó que le vistieran con su viejo uniforme y con las condecoraciones y distintivos de su rango e hizo que le llevara al balcón principal de la casa para que todo el mundo le viera. Esta operación la repitió diariamente hasta su muerte pocos días después.
La ciudad de la Habana fue devuelta a España el 6 de julio de 1763 en virtud del Tratado de Paris que ponía fin a la Guerra de los Siete Años. España perdía la Florida pero recibiría de Francia a modo de compensación la Luisiana.
La figura del heroico don Luis de Velasco es recordada por un monumento a su memoria mandado levantar por el rey Carlos III en Meruelo próximo a su Noja natal en Santander. Además por Real Orden y para que el recuerdo de su memoria permaneciera por siempre se ordenaba que un navío de la armada española llevara por nombre “Velasco”, ahora y siempre. Por último los ingleses rindieron un homenaje al enemigo que tan duramente defendió su puesto luchando contra ellos y levantaron un monumento a su memoria dentro de la abadía de Westminster que aún hoy se puede ver.
[1] Árbol tropical que producía una madera dura de gran valor. Esta, además, se utilizaba para elaborar un tinte de tono púrpura muy apreciado.
[2] El título se le concedió por Gracia Real con motivo de haber transportado en 1759 a Carlos III desde Nápoles a España con motivo de asumir la corona de este último país. Al título de marques del Real Transporte se le sumo el de conde del Buen Viaje.
[3] Cada uno de los tramos del parapeto que están entre cañonera y cañonera.
[4] En 1741 Blas de Lezo y el Virrey Eslava hicieron frente y derrotaron a una escuadra británica defendiendo la ciudad de Cartagena de Indias, en la actual Colombia. Los ingleses tuvieron que levantar el cerco a la ciudad con mas de 6.000 muertos y 7.500 enfermos, muchos de los cuales murieron en el viaje a Inglaterra.
[5] Los ingleses llamaban a este grupo Forlon Hope (vana esperanza) ya que las posibilidades de sobrevivir eran escasas. El Forlon Hope era la unidad encargada de asaltar la brecha en la muralla. Tradicionalmente los oficiales que dirigían esta, si sobrevivían , tenían el ascenso garantizado.
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Un articulo excelente, felicidades
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no esperaba que un tema como este pudiera dar para tanto, a simple vista no me decia nada pero conforme lo he leido me enganchaba una barbaridad. Muy bueno