El ejercito Cartagines
En un primer momento de su historia, los ejércitos cartagineses estaban compuestos de una milicia ciudadana a tiempo parcial. Si bien para Cartago, la armada fue siempre su principal fuerza, el ejército adquirió un papel clave y creciente. Este modelo pervivió durante siglos, siendo la defensa de la ciudad algo prestigioso;
LAS TROPAS
En un primer momento de su historia, los ejércitos cartagineses estaban compuestos de una milicia ciudadana a tiempo parcial. Si bien para Cartago, la armada fue siempre su principal fuerza, el ejército adquirió un papel clave y creciente. Este modelo pervivió durante siglos, siendo la defensa de la ciudad algo prestigioso; demostrando los ciudadanos su participación en campañas; y pagando con el exilio la derrota.

Sin embargo, la proporción de mercenarios en el ejército va aumentando a partir de las reformas de Magón a mediados del siglo VI a.C., para que ya en la Primera Guerra Púnica (quizás desde antes) la milicia ciudadana no combatiera fuera de África, a excepción de mandos y oficiales. Así mismo, los oficiales subalternos solían ser de la nacionalidad de los mercenarios contratados.
Por tanto, antes del siglo III a.C., nos encontramos con un ejército compuesto de ciudadanos, armados al modo hoplita, con pocas tropas auxiliares o caballería, pero usando armas orientales como el carro. A partir de la guerra contra Pirro y la Primera Guerra Púnica, el ejército se va helenizando, haciéndose más complejo. Mandados por nobles cartagineses, el ejército se componía de tres clases de tropas: los súbditos de Cartago, como libios; los cuerpos de aliados (normalmente en situación de dependencia), como númidas; y por último, los mercenarios contratados, como baleares, celtíberos, ligures, galos, sardos, etc. dependiendo de donde se desarrollara la campaña.
Infantería Libia y Libio-fenicia
Formaban el núcleo principal del ejército púnico. El origen étnico de los libio-fenicios es aún discutido, pero probablemente fueran nativos africanos, libios, que asimilaron la cultura fenicia. Eran súbditos de Cartago, aunque el hecho de que pudieran contraer matrimonio con ciudadanos púnicos, indica que ambas comunidades se reconocerían como jurídicamente iguales (quizás al modo de patricios y plebeyos en Roma).
Eran tropas de infantería pesada, armadas al estilo hoplítico: con gran escudo circular, aunque algo más liviano que el griego; lanza de unos dos metros y medio; espada corta; y protegidos por una armadura ligera, normalmente de lino; y casco de bronce (normalmente no llevarían grebas).
Ya que su panoplia es copiada de los griegos, es lógico pensar que en batalla formarían de igual modo, con una profundidad de unos 8-12 hombres, ocupando cada hombre un metro aproximadamente (tanto de frente como de fondo). Con esta rígida formación era muy difícil realizar movimientos de flanqueo, reduciéndose el ataque a un choque directo, en el que las dos primeras filas lucharían de forma activa[1] y el resto contribuiría empujando a su compañero de adelante para romper la formación enemiga.
Batallón Sagrado
Mucho se ha hablado de esta tropa integrada por los ciudadanos más valientes y ricos de Cartago, sin embargo poco se sabe.
En sus inicios, el ejército púnico estaba integrado por ciudadanos, que en caso de guerra, luchaban por su ciudad. El Batallón Sagrado (a mi parecer) constituía la infantería de la más alta clase, por tanto mejor armados, pero no una unidad de élite, profesional, como ha llegado a decirse[2]. Por debajo de estos, estarían las demás clases ciudadanas. En cualquier caso, su número era de unos 2.500 hombres aproximadamente, como comenta Plutarco sobre la batalla de Crimiso. El número de infantes ciudadanos que Cartago podría movilizar estaría en torno a los 20.000.
Tanto el llamado Batallón Sagrado, como las demás clases ciudadanas estarían armadas al modo hoplita, es decir, escudo circular de unos 90-110 cm., lanza de unos 2,5 metros, espada corta, casco de bronce y coraza que, según Plutarco, la de los integrantes del Batallón Sagrado era de hierro. Y su modo de lucha sería también idéntico, una rígida falange, en la que el Batallón Sagrado ocupaba el lado derecho (como comenta Diodoro en la invasión de Agatocles a suelo africano).
Tras los desastres en las Guerras Sicilianas, el Senado cartaginés decretó que ninguna fuerza de ciudadanos actuaría fuera de África. En cualquier caso en ninguna de las tres Guerras Púnicas se menciona al Batallón Sagrado, pero si a las tropas ciudadanas en su conjunto.
Lonchophoroi y tropas ligeras
Fuentes clásicas hablan de los lonchophoroi como tropas ligeras libias, muy capaces en este tipo de combate. Su panoplia estaba compuesta por un escudo ligero, aunque con posterioridad adoptarían uno ovalado que proporcionaba mayor protección; un casco de fibra o de bronce; y un puñado de jabalinas. Combatían en orden abierto, siendo muy eficaces en las emboscadas, sabiendo sacar provecho de los accidentes del terreno. Los pueblos beréberes también aportarían tropas ligeras al ejército cartaginés, siendo sus armas más comunes la jabalina y el arco.

Caballería Cartaginesa
La caballería libia y libio-fenicia constituía un cuerpo reducido, pero bien armado y organizado. Luchaban como caballería pesada, armados con largas picas y espadas, para el combate cerrado, y protegidos con armadura de lino, casco de bronce y grebas, y al parecer también portaban un escudo redondo. Por su parte, el caballo también estaba protegido por una pechera. Formaban en cuadro, consistiendo sus ataques en cargas controladas, pudiendo aguantar largos combates gracias las protecciones de jinete y caballo.
Por su parte, la caballería de ciudadanos cartagineses, tendría una panoplia prácticamente idéntica, así como su formación y modo de combate.
Elefantes
A diferencia de los elefantes africanos (Loxodonta africana) o indios (Elephas maximus), los cartagineses utilizaron al elefante de la selva (Loxodonta africana cyclotis), de unos 2-2,5 metros hasta la cruz, mucho menores que aquellos. Por esta razón, no llevaban hombres armados, protegidos por torres o no; tan sólo un guía (cornaca), normalmente númida, sentado en el cuello del animal, al que controlaba con una vara, los píes y la voz.

Cartago, tras su enfrentamiento contra Pirro en Sicilia, empezó a nutrirse de elefantes, cazándolos en las regiones del Atlas, domándolos y entrenándolos para la guerra; ya que el mantenimiento de una manada, incluyendo las crías no aptas para la guerra, era demasiado costoso. Los utilizó por primera vez en el 262 a.C. en la batalla de Agrigento.
Eran empleados para cargar con fuerza y desordenar las líneas enemigas. Podían ser colocados en el centro para desordenar las filas de infantería enemiga (como en Bagradas, 255 a.C., o Zama 202 a.C.), o en las alas, para luchar contra la caballería (como en Trebia, 218 a.C.), que además, si no estaba bien entrenada y habituada al olor de los paquidermos, se negaba a luchar contra estos. Tras el caos que crearían, eran secundados por infantería o caballería, respectivamente, aprovechando el desorden en el enemigo. Constituían un arma en si mismos, pudiendo cornear a los enemigos con los colmillos, pisotearlos, o elevarlos con su trompa. A diferencia de lo que ocurriera en los reinos helenísticos, los elefantes cartagineses carecían por completo de protección, no obstante, la piel de elefantes es muy gruesa (unos 2,5 cm.) lo que los hacía difícil de herir.
Como se ha dicho en muchas ocasiones, constituían un arma de doble filo, puesto que al ser heridos, o morir su guía, podrían volverse incontrolables y cargar contra sus propias filas. Por ello, Asdrubal Barca, hermano de Anibal, incorporó para los guías un martillo y un cincel, para matar a los elefantes en estampida atravesando su espina dorsal.
Caballería Númida

La región del actual Norte de Argelia era conocida por los romanos como Numidia, por el nombre de las tribus beréberes nómadas que allí vivían. Combatían en las filas cartagineses en virtud no sólo de mercenarios, sino también como aliados.
Estas gentes vivían a lomos de sus caballos. No usaban ni brida ni bocado y cabalgaban sin silla; guiando a sus caballos únicamente con el uso de una vara, una cuerda alrededor del cuello y el movimiento basculante del peso de su cuerpo.
Constituían una maravillosa caballería ligera. Sin embargo, era inútil como fuerza de choque, ya que no contaban con más protección que un pequeño escudo de mimbre; pero soberbia para la descubierta, emboscadas y para perseguir a los enemigos que huían. Luchaban lanzando jabalinas contra el enemigo y retirándose (contaban además con un cuchillo en caso de necesidad), cuidando de no acercarse nunca demasiado. Montaban una raza de caballo llamada númida o Libia, de pequeño tamaño, pero muy veloz, resistente y obediente.

Carros
La utilización de carros de guerra por parte de los cartagineses está documentada, como por ejemplo en la descripción de la batalla de Crimiso. Sin embargo, a finales del siglo IV a.C. dejó de usarse debido su ineficacia ante tropas de calidad (siendo sustituido como arma de carga inicial y psicológica por el elefante). Ya que esta es un arma de tradición de medio oriente, es muy probable que se parecieran mucho a los carros usados por los asirios. Eran tirados por un par de caballos y eran de pocas dimensiones, suficiente para dos hombres.
Eran utilizados para abrir brechas en los ejércitos enemigos, que cederían ante el tremendo empuje de estos, sin desdeñar el impacto psicológico que produciría. Pero ante tropas bien entrenadas, resultaban totalmente ineficaces, pudiendo abrir filas dejándolos pasar para acabar con ellos una vez se frenaran, o presentar un muro impenetrable de escudos y lanzas que ni siquiera el carro pudiera atravesar.
Las tropas mercenarias
Las tropas mercenarias fueron ganando protagonismo en los ejércitos púnicos, pero, no olvidemos, eran un elemento más, y no el único, como demasiadas veces se ha llegado a escribir. El mayor problema de este tipo de contingentes residía en su lealtad, no demasiado alta, y en el mejor de los casos sería hacia su general, no hacía la metrópoli que los contrataba.
En un principio, durante el siglo IV a.C. y quizás algo antes, la principal fuente de mercenarios para los cartagineses era la Hélade. Estos, como no podía ser de otra manera, combatían al modo hoplita, infantería pesada con gran escudo redondo, larga lanza y buena panoplia defensiva.
Más tarde fueron otros los lugares escogidos para reclutar, Grecia estaba agotada con las sucesivas guerras, sin embargo, Hispania (turdetanos, celtíberos, lusitanos, baleares), Italia (campanos, sículos), la Galia (ligures, galos cisalpinos) eran canteras perfectas. Ya se mencionan mercenarios de estas procedencias en las Guerras Sicilianas, pero fue con posterioridad, en la Segunda Guerra Púnica, cuando se hacen más célebres. En general, el estilo de lucha de estos pueblos enfatizaba más el ataque a distancia, y la espada tenía más importancia que la lanza; convirtiéndose en un buen complemento de la mucho más lenta y estática falange.
LOS CARTAGINESES EN BATALLA
Me dispongo a describir de forma resumida, una vez expuestas las distintas tropas con las que contaban, la evolución de la disposición en batalla de los cartagineses. Si bien, cada batalla es distinta, dependiendo del terreno donde se combata, del enemigo y, por supuesto, de las tropas con las que uno cuente (y en esto los cartagineses no se caracterizaron por la homogeneidad…), en cada época el ejército cartaginés sigue unas pautas más o menos constantes.
Desde que adoptaran el sistema hoplítico y hasta finales del siglo IV a.C., formaban con un potente núcleo de tropas ciudadanas, armadas, como no, a modo de infantería pesada hoplita. Precediéndolo, se situarían los carros de guerra, prestos a romper las formaciones enemigas. La proporción de caballería y tropas ligeras sería pequeña, mientras que el número de tropas mercenarias iría en aumento.
Ya en la primera Guerra Púnica, se habían sustituido los carros por los elefantes, que siguen formando delante de la infantería. Así mismo, la caballería gana mucho protagonismo, así como los mercenarios. Aunque el núcleo principal del ejército sigue siendo la milicia ciudadana. Como podemos ver, aún quedan reminiscencias del sistema hoplítico tradicional. El lado derecho sigue teniendo connotaciones de honor, ya que son las tropas ciudadanas las que lo ocupan, dejando el izquierdo para los mercenarios y súbditos.
Un tercer paso se podría constituir con Amilcar Barca. Combatiendo en suelo africano, contaba con gran número de hoplitas, a los que colocar en el centro. En ambos lados, protegiendo los flancos de la lenta infantería pesada, se colocaba a la más ligera infantería mercenaria, lo que daría más capacidad de flanqueo por ambos lados sin comprometer el centro. La caballería continúa siendo el arma definitoria de las batallas junto a los elefantes, operando ahora ambos juntos en las alas. Deduzco, que los elefantes fueron movidos del centro para potenciar aún más el punto fuerte de los púnicos; para así poder flanquear al enemigo con rapidez.

El cuarto paso se plantea únicamente en la Segunda Guerra Púnica, debido a la escasez de hoplitas africanos (ya que los ciudadanos cartagineses ya no combatían fuera de África y producirse la contienda en su mayoría fuera del continente), las tropas extranjeras cobran ahora más protagonismo, pasando a ocupar el centro del dispositivo, que es a su vez es reforzado por gran cantidad de tropas ligeras. La falange, sobre el papel, las tropas de infantería más capaces, pasa a los flancos, nuevamente para potenciar aún más la capacidad de flanqueo. Aún así, la caballería sigue teniendo el papel protagonista, siendo numerosa y bien entrenada, además de estar apoyada por elefantes de guerra que, sin embargo, ven reducido su número (al igual que con la falange, al estar lejos del continente africano).
En conclusión, como vemos, la evolución del ejército cartaginés conduce a un continuo refuerzo de las alas, ya que su infantería es de menor calidad que la de sus enemigos, estando las posibilidades de victoria en la capacidad de flanqueo. Si bien es cierto, que el último y más claro paso en este sentido es únicamente un elemento bárcida (batallas de Trebia, Cannas, Hibera, Dertosa, etc.), ya que los demás generales ajenos a la famosa familia, aún colocaban su mejor infantería en el centro. Curiosamente, en la última gran batalla campal de los púnicos, se da el caso contrario. En Zama, viendo Aníbal su clara inferioridad en caballería, se la juega por completo a un ataque en el centro romano, concentrando en ese punto todos los esfuerzos del ejército.
Epaminondas_II
Bibliografía:
-Quesada Sanz, Fernando; De guerreros a soldados. El ejército de Aníbal como un ejército cartaginés atípico
-Domínguez Monedero, Adolfo J.; Libios, libiofenicios, blastofenicios: elementos púnicos y africanos en la Iberia Bárquida y sus supervivencias.
-Connolly, Peter; Greece and Rome at war
-Connolly, Peter; Aníbal y los enemigos de Roma
-Blázquez, José María; Las guerras en Hispania y su importancia para la carrera militar de Anibal, de Escipión el Africano, de Mario, de Cn. Pompeyo, de Sartorio, de Afranio, de Terencio Varrón, de Julio César y de Augusto
-Simon Anglim, Phyllis G. Jestice, Rob S. Rice, Scott M. Rusch y John Serrati; Técnicas Bélicas del Mundo Antiguo.
-Quesada Sanz, Fernando; Armas de Grecia y Roma.
-Barreiro Rubín, Víctor; La guerra en el mundo antiguo.
-Saez Abad, Rubén; Cartago contra Roma: soldados y batallas de las guerras púnicas.
-Goldsworthy, Adrian; Las guerras púnicas.
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