Batalla de Adua: la aventura colonial italiana en Etiopía
La tardía unificación italiana hizo que el país transalpino llegara tarde a la carrera colonial, cuando Gran Bretaña y Francia habían establecido ya enormes imperios en ultramar. En el país se pensaba que era necesario tener colonias para ser una potencia continental real, y dichas aspiraciones fueron impulsadas cuando Francia ocupó Túnez en 1881, que estaba reservada para Italia según un acuerdo internacional.
Curiosamente, que Italia pusiera pie en África fue gracias a los británicos. Éstos querían evitar que los franceses se hicieran con el puerto de Massawa, en el mar Rojo, con lo que animaron al gobierno de Roma a que lo reclamaran. Así se fundó la colonia de Eritrea en 1885. La colonia era pobre, pero su función era el ser una cabeza de puente para asaltar un objetivo mucho más apetitoso: el imperio etíope.

Imperio etíope bajo Menelik II
El imperio tenía una estructura feudal, con sus negus (rey) y ras (duque) que combatían entre ellos para proclamarse negus negusti (rey de reyes). En aquellos tiempos ostentaba éste título Menelik II que el 2 de mayo de 1889 firmó un tratado de amistad con los italianos, el tratado de Wuchale. Dicho tratado desató la tormenta.
El motivo de controversia era el artículo 17, que no decía lo mismo en los dos idiomas en los que estaba escrito. En italiano decía que Etiopía estaba obligada a tratar sus relaciones con las potencias extranjeras a través de las autoridades italianas, lo que la convertía en un protectorado. Mientras que en amárico sólo se recomendaba al gobierno etíope a hacerlo.
En 1893, seguro de su poder, Menelik repudió el tratado. Los italianos decidieron que era hora de una intervención militar. El general Oreste Baratieri, gobernador de Eritrea, que había ido aumentado los dominios de la colonia con la excusa de las incursiones nativas, sería el encargado.
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Menelik II, soberano de Etiopía
El ejército de Menelik era de una estructura feudal, los nobles reclutaban sus tropas y se unían a las del emperador. Los guerreros eran divididos en grupos según su origen y dirigidos por jefes locales.
Espoleados por la amenaza italiana, muchos nobles unieron sus tropas a las del emperador, entre ellos varios ex-rivales suyos. En total, el emperador tenía a su disposición 100.000 hombres. Los etíopes habían obtenido armas de fuego de una gran variedad, desde modernos fusiles Mauser, Chassepot... hasta mosquetes de percusión de ánima rayada, suministradas por las potencias coloniales para hacer frente a sus enemigos (incluso había armamento de procedencia italiana). En total, se calcula que unos 70.000 hombres iban equipados con armas de fuego, mientras que el resto del ejército iba armado con lanzas y escudos. Había también unos 4.000 o 5.000 jinetes. También tenía 46 piezas de artillería, y reclutó asesores militares extranjeros para su ejército (entre ellos había una expedición militar rusa).

Guerreros etíopes
El objetivo de Menelik era enviar de vuelta a los italianos a Eritrea, pero para ello tenía que lidiar con el problema de mantener a un ejército enorme a 800 kilómetros de su capital. Para ello, organizó dos líneas de suministros, una desde Dais Abeba y otra desde Harar, pero así y todo los etíopes tenían graves problemas de suministro.
Por el otro lado, la fuerza expedicionaria del general Baratieri lo componían 20.000 hombres dividos en 4 brigadas (las de Giuseppe Arimondi, Vittorio Dabormida, Giuseppe Ellena y Matteo Albertone). 12.000 eran italianos, divididos en las tres primeras brigadas. Disponían del fusil de repetición Vetterli, ya que había escasez de munición del nuevo fusil Carcano. Hay que destacar que, pese a que había algunas unidades de élite de Bersaglieri, Alpini y Cazadores, la mayoría del ejército lo componían conscriptos. Otras potencias coloniales, como los franceses, dejaron de usarlos a favor de los soldados profesionales en las guerras coloniales, y los británicos siempre usaron un ejército profesional. Repasando casos en la historia, podemos observar que salvo honrosas excepciones, los voluntarios siempre han dado un rendimiento más alto en el campo de batalla.
Los restantes 8000 hombres eran askaris, unidades nativas al servicio de los europeos. Como era común, se les otorgó el armamento más anticuado, en éste caso fusiles Vetterli de un modelo anterior. La brigada de Matteo Albertone estaba compuesta por tropas eritreas y etíopes.
Los italianos tenían también 56 piezas de artillería, todas ellas de retrocarga, más que los etíopes. 44 eran de montaña, más pequeños y difíciles de operar que las piezas de la artillería de campaña, y los otros 12 cañones eran de tiro rápido.

Artillería italiana
Baratieri entró en la provincia de Tigre sin encontrar oposición y estableció guarniciones. Pensaba que los etíopes serían incapaces de llevar una gran fuerza hacia el norte, pero se dio cuenta de que estaba equivocado cuando en diciembre de 1895 la vanguardia del emperador, de 30.000 hombres derrotó a unos 2.000 askari en Amba Alagi. En enero, Menelik intentó negociar con Baratieri, lo que fue percibido como un signo de debilidad por parte del italiano. Mientras tanto, Francesco Crispi, primer ministro de Italia, le ordenaba seguir avanzando.
Aprovechando el tiempo que le concedieron las negociaciones, Baratieri concentró a su ejército cerca de Adigrat, cuyo abrupto terreno ofrecía una excelente posición defensiva. Su plan era lógico: si se rompían las negociaciones, dicha posición les daba una gran ventaja. Además, el tamaño del ejército etíope era un problema, ya que consumía muchos recursos. Si bien es cierto que ambos ejércitos tenían problemas de logística, la distancia de las líneas de suministro jugaba a favor de los italianos – 240 kilómetros por 800 de los etíopes-. Por tanto, el tiempo corría a su favor: el hambre y la sed acabarían con el enemigo.
Oreste Baratieri
Sin embargo, Roma exigía resultados inmediatos. La paciencia de Crispi se había agotado, y envió al general Baldissera para sustituir a Baratieri. Enterado éste, bajo la presión de sus generales, excepto Albertone, recomendó un asalto contra el ejército etíope, que aparentemente estaba muy debilitado por el hambre. Pensando que era la única salida honorable que le quedaba, al caer la noche del 29 de febrero de 1896 ordenó a su ejército dirigirse a Adua para combatir a Menelik.
Lo cierto es que los nobles habían decidido marcharse ese día cuando llegaron las noticias de las intenciones de Baratieri el 1 de marzo. Los etíopes no podían creerlo: el enemigo abandonaba sus posiciones y presentaba batalla. Menelik ordenó a su ejército marchar hacia el este para enfrentarse a los italianos.
El plan de Baratieri consistía en desplegar tres de sus brigadas en una posición que corría desde el monte Eshasho, a la derecha, hacia el monte Bellah, en el centro, hasta el Chidane Beret, en el flanco izquierdo. La línea defensiva tenía aproximadamente unos 3 km de longitud y ofrecía un perfecto campo de tiro sobre el valle, de 1.000 metros de ancho. La cuarta brigada, a cargo del general Ellena, se quedó en reserva a unos 2 km, a lo largo de las colinas de Rebbi Arienni. Baratieri pretendía tomar posiciones avanzadas y provocar el ataque del emperador etíope.
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Terreno de Adua
La brigada nativa del general Albertone, integrada por cuatro batallones de askaris eritreos, cuatro baterías de artillería y 400 soldados etíopes, tenía la responsabilidad de asegurar el flanco izquierdo. El mapa que tenía indicaba claramente la posición del Chidane Meret, pero su guía insistía en que la colina estaba más adelante. El general italiano, desconfiando de la exactitud de su mapa, hizo caso a su guía. Los italianos tomaron posiciones en la colida de Enda Chidane Meret, a unos 5 km al sudoeste de la posición prevista. El error provocado por la confusión era muy grave. Baratieri ignoraba la posición real de Albertone.
Albertoni se dio cuenta de su error cuando a la mañana siguiente observó que no estaba la brigada del general Arimondi y que enfrente suyo había miles de guerreros etíopes. Desplegó sus baterías y tres de sus batallones a lo largo de la cresta nordeste del Enda Chidane Meret, mientras que el cuarto fue desplegado un poco más adelantado en orden abierto, formando una línea de tiradores. Éstos fueron atacados por los soldados del ras Atichim junto a un grupo de los hombres de Menelik a las 6.00 de la mañana. Tras una hora de intensos combates, los tiradores fueron aniquilados por la masa de las fuerzas etíopes, que ahora se disponían a atacar la línea principal de Albertone.
Tanto el fuego de artillería como las descargas diezmaron las filas etíopes, pero no detuvieron el avance de la masa de guerreros que amenazaba con rodear los flancos de Albertone. Las compañías de los flancos rechazaron a los enemigos varias veces, pero era cuestión de tiempo que cedieran. Mientras tanto, la artillería comenzó a bombardear las posiciones italianas.

Combate entre caballería etíope y nativos
Al oír el ruido de los cañones, Baratieri se dio cuenta de que Albertone no estaba en Chidane Meret. Envió mensajeros para hacer volver a su brigada, pero no la encontraron. Además, en vez de moverse con coordinación, las tropas italianas lo hicieron torpemente. Baratieri envió a la brigada de Dabormida con órdenes de apoyar a Albertone, pero se perdió y terminó a unos 3 kilómetros más allá del Monte Bellah, igual de lejos de Albertone de antes. Mientras tanto, los soldados del ras Mangasha subieron por el valle de Mariam Shavitu y se encontraron con los hombres de Dabormida. La artillería y la potencia de fuego de los fusiles fue suficiente para mantener a los etíopes a raya, pero en ese momento la mayoría de sus tropas se encontraban en el sur.
A las 9.00 de la mañana, la situación de Albertone era desesperada, aunque sus askaris no cedían terreno y castigaban duramente a los etíopes con la artillería. Menelik había enviado a sus ras a la batalla, pero mantenía a sus hombres en reserva. Incitado por la emperatriz Taitu, envió al combate a sus hombres a su guardia personal, de 30.000 hombres. A los hombres de Albertoni se les empezaba a acabar la munición, y temiendo ser rodeado, ordenó efectuar una retirada ordenada. En ése momento, los askaris, temiendo lo peor, rompieron filas y comenzaron a huir. En pocos minutos fueron aplastados y Albertoni murió junto a sus hombres.
Poco antes de estos sucesos, a las 8:30 de la mañana, Baratieri había tratado de arreglar la situación trayendo los batallones de Arimondi y dos baterías al monte Ellah, para reforzar el centro de su línea. Poco más tarde, fueron atacados por la masa del ejército etíope. Arismondi tenía un regimiento de bersaglieri, infantería ligera de élite, que demostraron su valía obligando a los etíopes con su fuego a quedarse al pie del monte Bellah.

Batalla de Adua
Los etíopes caían en grandes números, pero cada vez eran más. A las 10.00, los etíopes lanzaron un ataque con apoyo de la artillería contra el frente y los flancos de Arismondi. Baratieri, confundido, ordenó a Arismondi que se retirara a donde estaba la brigada de reserva al mando de Ellena, unos dos kilómetros atrás. Los batallones llevaron a cabo una retirada ordenada a pesar de las grandes bajas provocadas por los constantes asaltos etíopes. Arismondi cayó uno de ellos.
Los hombres supervivientes de la brigada de Arismondi se encontraron con Ellena en el monte Roja, donde volvieron a ser atacados por los etíopes. La moral de los hombres de Ellena, que habían visto la destrucción de la unidad de Arismondi, era muy baja. Baratieri, temiendo que su ejército fuera completamente aniquilado, ordenó al resto de sus hombres que se retiraran a su campamento en Sauria. Las tropas de Menelik los hostigaron durante un rato, para luego virar hacia la unidad italiana que se había quedado aislada del resto del ejército: la brigada de Dabormida.
Los hombres de Dabormida lograron mantener su posición hasta media tarde. Los muertos seguían amontonándose, pero lograban rechazar una y otra vez a los etíopes. Hacia las 3.00 de la tarde, casi un par de horas después de que Baratieri partiera hacia el este con la brigada de Ellena, la posición se convirtió en insostenible. Los etíopes comenzaban a aparecer por la retaguardia. Las municiones empezaban a escasear, por lo que Dabormida ordenó una retirada en la que sus batallones irían cubriendo su retirada unos a otros sucesivamente. Aunque la maniobra comenzó bien, las bajas y la escasez de municiones provocó el derrumbamiento final. Todas las tropas se murieron o se rendieron. Dabormida y la práctica totalidad de sus oficiales murieron en la retirada.

La victoria de Menelik fue completa. El ejército italiano había sido destruido completamente. Baratieri perdió a más de la mitad de sus hombres. Los prisioneros fueron tratados de la mejor manera posible dadas las circunstancias, pero bastantes de ellos murieron a causa de las heridas. Los askaris no tuvieron tanta suerte. Acusados de traición, les cortaron ambas manos.
Por su parte, los etíopes sufrieron unas 17.000 bajas, lo que indica lo feroz que fue el combate. La victoria sirvió para afianzar el poder de Menelik sobre los nobles y para reforzar su autoridad. La victoria también hizo que Italia reconociera la independencia de Etiopía.
Por otra parte, la derrota fue un auténtico trauma para los italianos, lo que provocó la caída del gobierno de Crispi cuando llegaron las noticias del desastre. Para la opinión pública, Adua se convirtió en una humillación nacional, que exigía una acción para recuperar el honor perdido. La venganza por Adowa fue realizada por Mussolini con sumo placer en 1935.
Hubo dos factores que decidieron claramente la batalla y la campaña. Primero, fue la intromisión política en la estrategia de Baratieri. El enorme ejército etíope estaba agotando a gran velocidad la capacidad de los lugareños de mantener tal ejército, de hecho, el emperador había decidido levantar el campamento antes de enterarse de que los italianos presentaban batalla. El gobierno de Roma quería una victoria rápida, seguramente por motivos políticos, pero desconocía los detalles de la campaña. Es evidente que hay que dar autonomía a los generales, más aún cuando combaten en un país muy lejano de casa. En mi opinión, la estrategia inicial de Baratieri era correcta.
Por otro lado, tenemos los problemas que tuvieron los italianos con el desconocimiento del terreno. Hizo que las diferentes brigadas estuvieran muy separadas entre sí, lo que hizo que los etíopes pudieran aplastarlas de una en una. Seguramente, si no hubieran estado separadas los italianos habrían sido un hueso duro de roer. Influyó también el terreno, salpicado de colinas y valles, que impedían la visión directa y la comunicación entre las diferentes columnas italianas.
Bibliografía
- "Técnicas bélicas de la época colonial", Editorial LIBSA
- Wikipedia
- http://www.historynet.com/first-italo-abyssinian-war-battle-of-adowa.htm
- http://www.historyofwar.org/articles/battles_adwa.html
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En verdad fue una batalla muy importante y Etiopia sería el único estado africano de la época que se salvó (temporalmente) del intento de colonización, lo cual es un gran mérito. No sólo los italianos sintieron la humillación, para algunos fue también una humillación para el "hombre blanco" en general, aunque claro dentro del "hombre blanco" también había categorías y no se podía comparar a un italiano o un español con todo un anglosajón o un alemán. Curiosamente los etíopes subieron de status, pasando de "negros africanos" a "semitas de piel bronceada".
Saludos y enhorabuena por el artículo.